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sábado, 12 de julio de 2008

África como cárcel


Durante los últimos días hemos hablado aquí sobre la inmigración.
Al mismo tiempo, llegaban a nuestras costas nuevas remesas de expectativas quebradas. El insoportable drama de la inmigración clandestina nos dejaba muestras de su dureza más absoluta con la muerte de esa decena de bebés en el último cayuco dirección Canarias.

Esta es una cuestión demasiado caliente y lacerante como para analizarla desde la frialdad que sí permiten otros temas.
Hablar de inmigración clandestina es antes que nada, hablar de desigualdad.
De países empobrecidos, asfixiados y profundamente deprimidos. Países agotados bajo la explotación de un tirano o bajo unas condiciones de guerra, analfabetismo, enfermedad endémica y conflicto que no pueden más que dejar marchar a sus cerebros y sus brazos nacionales en busca de una vida cuanto menos digna.

Es hablar de mafias. De intermediarios que, aprovechándose de esta tesitura organizan desesperados viajes hacia la incertidumbre cuyo precio asciende a los ahorros de toda una vida. Es hablar del país receptor, del país extraño y pretendidamente próspero que bien o mal ha de acoger a estas personas.

Entra entonces en juego la Integración, que es el ejercicio primordial a realizar por el país receptor. Pero el otro pilar (como las míticas columnas de Hércules) se encuentra al otro lado del estrecho: la Cooperación al desarrollo.

Los países emisores son, como se ha dicho (y como todos sabemos) países que en el mejor de los casos se encuentran en "vías de desarrollo", pero que en cualquier caso, siguen, tantos siglos después, practicando una agricultura de subsistencia que no permite levantar el vuelo a la economía nacional.
El siguiente problema que asfixia estos países tiene una raíz política: los gobiernos del África sub-sahariana se entregan en cuerpo y alma al oscurantismo de las multinacionales que exprimen con el beneplácito de los gobernantes corruptos, los recursos naturales de uno de los continentes más ricos en materias primas.

De estas dos dramáticas realidades surgen dos soluciones radicales, dirigidas a desarraigar el problema en su origen.
La cooperación y la ayuda al desarrollo que, con proyectos concretos, rompa de una vez el círculo de pobreza y subdesarrollo y favorezca la generación de capacidades y potencialidades que aceleren la revolución industrial pendiente desde hace siglos en ese territorio.

Muchos países "del primer mundo" tienen un compromiso incompleto, parcial y a veces fingido con el Africa subsahariana, y así lo demuestran mediante la aportación anual de un porcentaje de su PIB (España se acerca al 0,7% sugerido por la ONU).
¿Pero dónde va esa ayuda, cuando debe gestionarla un gobierno títere de intereses creados, cuando debe distribuirla un cacique al que no le importan sus ciudadanos ni su nivel de vida?. Como la gran mayoría de los problemas, este tiene también, en parte, una resolución política. Hace falta que los países desarrollados (se entiende que también lo son en cuanto a Derechos Humanos, Democracia y libertades), se comprometan a llevar a cabo una definitiva y efectiva descolonización de África, que haga de estos países verdaderas naciones y no deplorables regiones-despensa dirigidas por un tiránico capataz y mangoneadas desde fuera (desde EEUU y la UE) para mantener nuestro tren de vida que se demuestra cada vez más y más insostenible y próximo al descarrilamiento.

De nuevo reclamamos desde aquí un cambio titánico... Una inversión de las mentes, una humanización de la vida política, unas nuevas reglas del juego, una justicia radical que casi nunca es atentida desde las altas esferas.
Ojalá quien gobierne el mundo mañana tenga más corazón. ¿O mañana será ya demasiado tarde para uno de cada dos pobladores del mundo? esos que viven y mueren por debajo del umbral de la pobreza.

Reflexión de Alberto Ginel Saúl

1 comentario:

la mirada de Ruth dijo...

No dejes mañana lo que puedas hacer hoy, quizás mañana sea demasiado tarde. Creo que tod@s tenemos un deber y una obligación hacia aquell@s que carecen de un vida digna. Por cuanto tod@s somos humanos y formamos parte del mismo mundo.
Un saludo muy grande en esta mañana y confiemos en que esto se detenga pronto.