
Como buen aprendiz de ciudadano que soy, valoro en demasía vuestra pertinente respuesta y sensata justificación a vuestro más noble sentir ideológico. No quisiera desaprovechar esta oportunidad en reiterarle mi más honesta convicción de que su discurso ya quisiera para sí un sector importante del elenco parlamentario nacional.
Usted se vanagloria de la socialdemocracia e invita a desarrollar, fijar y debatir acerca de la idoneidad teórica, por ende alejada de la práctica, de lo que usted viene a llamar sociedad del bienestar. Usted airea la ridiculez del socialismo marxista como justificación al actual orden socialdemócrata. Tomando sus palabras con ligereza podría inclinarme a rebatirle su postura, pues parece decir que esa nueva vía que intenta integrar a un cada vez más amplio sector de la sociedad, ha de modificar sus criterios pues, al contrario, no se entendería la integración de tan diferente paisanaje. Quisiera decir que eso suena al tan “cacareado” viaje al centro de José Luis Rodríguez Zapatero o al movimiento “light” de la izquierda socialdemócrata anglosajona, la cual ha contribuido a lo que usted considera sociedad del bienestar social.
Es dicho, desconozco si con acierto, que quien olvida la historia está abocado a repetirla. Yo no soy un entendido en historia, ni en política, ni leo lo suficiente como para dar juicios coherentes, pero si hay algo que no realizo... eso es jugar al historiador, pues es la historia es, ha sido y será manipulada y re-escrita según el antojo del historiador o gobierno de turno.
Amigo Alberto, no se trata de divagar ni de redefinir términos e ideologías, sino de combatir la

La realidad está ahí y nuestras visiones, las visiones de esa realidad que poseen todos los ciudadanos son bastante diferentes, pues nuestro entorno, nuestras circunstancias (que diría Gasset) son bien distintas, de tal forma que todos tenemos una realidad o verdad parcial y totalmente desenfocada. Sucede a veces, que el espejo se “empaña” y no podemos vernos reflejado. Sucede a veces, que el ruido es tan ensordecedor que no alcanzar a discernir lo que nos dice cualquier persona cercana. En política, por no llamarlo marketing, nos venden un producto y nos infunden ilusiones y esperanzas, que aún siendo palabras, las asimilamos como propias y pasamos a defenderlas con la vehemencia de creernos en la razón. Incluso, en ocasiones, sin replantearnos la veracidad o valía de aquello que defendemos con tanto ahínco.
Atinado o no, enredado o no, deténgase un minuto en lo anterior y evalúe. Ahora para concluir piense que el poder, el imperio económico no sólo está en la derecha, esa que tanto pavor nos da. De hecho, en nuestro país el poder e influencia se ejerce desde el PSOE, pues son los poderosos y ricos quienes apoyan con sus empresas y medios audiovisuales a un Partido Socialista Obrero Español. ¿Cómo puede un partido de estas características representar los intereses de PRISA o la Caixa y los intereses de un estudiante como tú? ¿Cómo puede un gobierno socialdemócrata como el de la pasada legislatura, con mayoría de izquierdas en coalición, no hacer reformas fiscales en pro de la igualdad que tanto gusta aparecer por nuestras boquitas? Es más, ¿por qué ese Gobierno y este partido, ambos socialdemócratas mantienen la política económica heredada del PP, que no ha hecho más que engordar las deficiencias y ampliar las desigualdades sociales de este país? ¿Cómo es que en los territorios donde gobierna el PSOE desde hace bastante, caso de Andalucía, no se vea ese estado del bienestar y sí como los latifundios se expanden?
Vos me habláis de Noruega, Suecia,... y yo os recuerdo que en España en los últimos 26 años ha gobernado la izquierda durante 18 años. Por eso es que digo que los jóvenes, como vosotros y como yo, no podemos ambicionar la política, ni pegar carteles, ni adorar a los políticos ni a las ideas, sino impulsar nuevamente el “motor social” de este país, construir con la crítica y los movimientos juveniles una nueva ideología, la del trabajo. Un desarrollo no ideológico, ni teórico, sino terrenal, plasmado en la práctica, en el día a día. Eso es socialismo y socialdemocracia y, he ahí, a mi juicio, donde deben reencontrarse.
Ni que decir tiene, que esa nueva socialdemocracia o socialismo práctico que nuestra generación impulsará, debe dar respuesta a los colectivos republicanos subyacentes, evaluar el papel de la relación Estado-Iglesia, profundizar en los servicios públicos de calidad, pero mucho más que esas cosas, se deberá evaluar los hechos y no las palabras que acompañan a las imágenes.
En Respuesta a Alberto Genil y al post ¿Por qué ser socialista?