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jueves, 20 de noviembre de 2008

Relatividades del Estado y el Contrato Social

La Construcción Europea, como la construcción de España, seguirá el ritmo que la Historia ha marcado a otros grandes imperios. Llevará asociado un proceso de consolidación paulatino, una serie de pasos, sin que por ello haya que considerar como fracaso las sucesivos conflictos y obstáculos que vayan surgiendo. En definitiva, ¡no hay que forzar la máquina!. Yo creo que estamos comenzando a subir el escalón definitivo, convencido de que nuestros hijos, la próxima generación, verá esa unión absoluta más allá del mercadeo y los intereses patrios. ¡Será su Nación!

No obstante, considero interesante obviar el término nación, nacionalidad. Desmitificarlo. Nación debe ser aquello que uno siente como suyo. Fuera de ese contexto, poco más.

El Estado no es una herencia de castas y logros comunes, no es una lengua común, ni un territorio forjado por el devenir de la Historia. No es, por tanto, un sortilegio Historia-Religión.  Los Estados, y naciones, se redefinen día a día. Los Estados son más y menos Estado en función del Gobierno y la Sociedad Civil de turno. Un Estado es un órgano competencial de organización y regulación de las actividades sociales. Poderse entonar "Asturias, patria querida" o "el aquelarre de la autodeterminación" y reivindicar una Unión de Estados Europeos es totalmente compatible y necesario.

Lo que define el estado no son las ideologías. Porque las ideologías son meras imposiciones y, en cierta forma, son opuestas al fin último de la democracia.

Un Estado es un "proyecto de futuro", común a todos, donde todos (inclusive los que no piensan como nosotros) tengan cabida, donde todo ciudadano se identifica con el objetivo estatal de progreso y búsqueda de bienestar, un espacio donde cada individuo tenga la garantía de poder ser libre y ejecutar sus principios éticos, morales y religiosos sin ofender ni ser ofendido.

La unión hace la fuerza y nos sitúa en la ventaja estratégica de poder afrontar negociaciones desde un punto de vista ventajoso, una unión basada en la pluralidad y la divergencia es totalmente enriquecedora. No me refiero con ello a la pluralidad que vivimos hoy en día, lo cual no debería entenderse como tal. 

Asistimos a una vida parlamentaria donde cada cual muestra un monólogo, una sociedad autista y un entorno cultural y socioeconómico donde prima el sectarismo, donde destaca la clara ausencia del debate y el rigor de planteamientos intelectuales.

Para mi Estado y Contrato Social tienen como premisa y objetivo ser el marco de referencia para lograr un hombre pleno, llana y simplemente.

Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del Mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos. Pero esta aspiración no será posible si no hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social. 

He aqui un enlace para que veais cual es el Estado mas poderoso del planeta, no solo en lo intelectual sino en lo economico.

domingo, 21 de septiembre de 2008

¿Qué rol se espera del ser humano en el nuevo tejido productivo?


Llegará un momento, en la línea histórica y progresiva de nuestra especie, en el cual la velocidad de desarrollo y actualización de profesionales, la demanda del consumo, las necesidades de expansión de la economía y del propio conocimiento, entendido como fuente de información, será tan abismal que estaremos presenciado una verdadera singularidad del sistema, un verdadero crash.

Irremediablemente, los propios e innatos defectos del sistema llevará a un cisma en el que el juego, tal y como lo conocemos actualmente, perderá todo sentido. Las cartas barajadas al comienzo, lejos de repartirse y convertirse en un balance neto, fiel a las reglas del libre mercado y del régimen internacional "de facto", llevará a una clara descomposición de la sociedad basada en el aumento y diferenciación de clases sociales, incremento sustancial de la pobreza.

A medida que la población mundial crece y se integra en el círculo dorado del consumo y comercio mundial, del mercantilismo puramente legítimo, aunque egoísta, las demandas y explosión de recursos necesarios tenderá a quebrar el planeta.

Para mantener dicha vorágine ya no sólo será necesario un time-to-market cada vez más inmediato o unas previsiones cortoplazistas más prolongadas en los tiempos de análisis.

Muchos coinciden en afirmar que la Revolución Industrial significó no sólo un cambio profundo en nuestra historia económica y social, nuevas interacciones y una nueva visión de la sociedad y el desarrollo humano. Hemos visto en el último siglo numerosos avances y nuevas revoluciones que han cambiado el paradigma de nuestra existencia de un modo absoluto, tanto que hemos olvidado nuestros orígenes o el verdadero sentido de la vida, si alguna vez lo conocimos. Luego vino el transistor, la informática y electrónica, la genética y la biología, y un largo etcétera que se irá sucediendo a lo largo de las próximas décadas, avances espectaculares en neurología, ciencias de la salud, nanotecnología... un proceso basado en los pilares de reducción, aceleración, bajo costo... un ciclo cada vez más corto.

¿Qué rol se espera del ser humano en el nuevo tejido productivo? Parece que nos dirigimos hacia un perfecto organigrama controlado por máquinas pensantes, estresante locomotora de productividad y crecimiento infinito.
Me resulta especialmente gracioso que se base el desarrollo de las sociedades en cuestiones tan suscintas como el PIB, or the GDP. Los fanáticos de las finanzas estatales y economistas irresponsables basan sus argumentos en cuestiones tan simples como un porcentaje que no suele reflejar ni los precios, IPC, o el índice de pobreza o el margen salarial del nivel más bajo de la sociedad. ¿Deberíamos construir una sociedad de mínimos o de máximos? ¿Debemos contentarnos con la no tan virtuosa y justa "media"?

Si existen modelos matemáticos de comprobado rigor y de mayor eficiencia de ajuste a los parámetros reales de vida, ¿por qué seguimos aplicando unas variables tan efímeras como cínicas que no nos aportan ninguna información útil?.



lunes, 1 de septiembre de 2008

(V) TEMA DEL MES DE SEPTIEMBRE : "Crisis económica, respuestas desde la Izquierda"

Propuesta de debate para el mes de septiembre:

La crisis económica: ideas, mensajes y actuaciones desde la izquierda ideológica para salir de ella.

La justicia social y la inversión como alternativa al recorte y a la externalización

miércoles, 9 de julio de 2008

Dimes y diretes sobre Inmigración

Una de las cuestiones que más interés y polémica suscita en estos tiempos es aquella relacionada con los flujos migratorios, emigración e inmigración. Intentaremos dar cabida en este espacio a una pequeña reflexión personal.

Antes de comenzar me gustaría dejar claro la consistencia y fuerza que para mí supone partir de la premisa de que la materia bajo análisis es una persona o un colectivo de ellas. Es decir, rechazo totalmente las expresiones "sin papeles" o "ilegales". Una persona es un ser que vive, sufre, siente, padece... es decir, padecen los mismas avatares diarios que nosotros, sin importar su color de piel, cultura o procedencia.

Otro punto a dejar claro es que la inmigración, masiva o no, no es un evento novedoso y forma parte misma de la Historia de la Humanidad. Quien no recuerda el "éxodo", miles de pueblos perseguidos, desplazamientos de mano de obra desde economías pobres a sociedades desarrolladas, incluso como política interna de algunas dictaduras (rusia y china, las más recientes).

En la actualidad se dan dos flujos migratorios a considerar. Uno es aquel desplazamiento desde países de extrema pobreza (altas tasas de desempleo y hambre) hacia países cercanos, donde sus sociedades parecen el paraíso de la modernidad (ejemplo de ello es el caso de la emigración desde países subsaharianos hacia España). En segundo término, se podría considerar una emigración cuya intención es la de mejorar su situación de precariedad en el país de origen, cuyas economías se encuentran a mitad de camino entre la sociedad del bienestar y la pobreza. No obstante, la esencia es siempre la misma, búsqueda de progreso y prosperidad, alcanzar un futuro mejor.

A nadie ha de extranar pues la existencia de estos flujos, su huida masiva hacia el continente europeo. Nadie niega de las ventajas y aspectos positivos que dicha inmigración aporta al sistema europeo de bienestar social. Nuestros estructura social y nuestro desarrollo depende de esa mano de obra, de iniciativas que vengan para aportar valor añadido a una sociedad cada vez más marchita y ombliguista, para hacer esos trabajos que nuestra gente se niega a hacer.


Dentro de los movimientos migratorios podríamos hacer distinción entre personas altamente especializadas, que aportan cierto valor añadido, y las personas que aportan la mano de obra, no especializada, necesaria en fábricas, construcción, limpieza... trabajos que normalmente los nativos no desean llevar a cabo por considerarse desprestigiados o poco remunerados.

Sin embargo, ese movimiento trae añadido un cambio de mentalidad que hace que nuestras sociedades se vean obligadas a una apertura, a reconocer el ambiguo paradigma de una socidedad multiétnica, un nuevo entorno social basado en la diversidad y pluralidad de religiones, culturas, idiomas y diferentes modos de entender la vida. En ocasiones, nos podemos encontrar con posturas antagónicas. Inclusive, hay quien asevera de que esta diversidad engrandece la riqueza cultural de los pueblos.

Cabe destacar, que este fenómeno también despierta gran recelo y confusión entre una parte importante de la población, personas temerosas de que aumente la criminalidad, de que muchos empleos se encuentren en manos de "los de afuera", porque pueden venir a "quitar el pan de cada día a nuestros hijos", o los que simplemente se manifiestan senófobos o contrarios a lo que ellos entienden por una invasión pacífica y dañina de nuestras tradiciones, a manos de personas que proceden de mundos antagónicos al nuestro, personas que no se integran en el sistema sino queser marginan en sus antiguos hábitos.

No es tarea sencilla la que nos urge dar respuesta, mas cuando ambas posiciones gozan de cierta realidad social, dejando al margen a aquellos que sólo desean la exclusión en base a razonamientos racistas.

Parte o bastante responsabilidad reside en las esfera política, quien haciendo un uso irresponsable de sus deberes llevan este tipo de cuestiones a entelequias y demagogias electoralistas.

El consenso es claro en torno al hecho de que nuestra sociedad necesita beneficiarse del trabajo extranjero, que ello es un aditivo más que necesario para nuestros sistemas públicos, mas cuando nuestra población envejece. Queda claro que existe una inmigración que enriquece nuestras sociedades y nuestra economía. Y es este tipo de inmigración la que hay fomentar, animar y ayudar.

En primer lugar, Occidente no puede albergar una inmigración en exceso, cada sistema, cada Estado debe fijar un tope, un límite según el cual el sistema social del país de acogida no se vea quebrado. Luego no parece obvio abrir los brazos para acoger a todo aquel que desee venir.

Otra cuestión vital es que la persona que venga y su familia se integren al sistema, contribuyan a nuestro modelo social. Que no exista discriminación hacia ninguno de los lados, foráneos y locales. Que haya una adaptación e integración. No parece lógico que los inmigrantes se trasladen hacia nuestro país sin conocer como mínimo nuestra lengua y mucho menos que puedan ejercer un "derecho al voto", sin conocer la realidad social que les rodea. Temas importantes a debatir creo yo.


No parece lógico tampoco que un alto porcentaje de esas personas emigren sin un contrato de trabajo o sin una idea preconcebida de lo que hará una vez llegue, sin dinero para pasar siquiera unos días. Sí, su condición es la que es, pero si de repente llegase 1 millón de personas en esas condiciones, la inseguridad social podría ser alarmante (hablo de un periodo de un año).

Por tanto, en mi opinión este tema debe ser tratado con rigor y seriedad. Estas personas deben ser tratadas como seres humanos y darles todo el apoyo que necesiten. Para ello, creo que lo principal, más que expulsar, debe ser frenar las oleadas de la inmigración clandestina.

¿Cómo? Aportando soluciones en los países de salida para que la situación deje de ser tan drámatica para que se juegen la vida. He aquí algunas ideas...

1. Planes de desarrollo e inversión en esos países. "No les des de comer, enseñales a pescar". Acuerdos de cooperación bilaterales. Apoyo y externalización de nuestras empresas en los países de origen, con el objeto de dinamizar su economía (y hacer negocio).

2. Contratos en origen. Políticas de empleo para formar en esos países al personal necesario y hacerles venir con un contrato o beca de estudio bajo el brazo.

3. Luchar contra las mafias organizadas, tanto allí como aquí, asegurando que no hacen negocio de la necesidad de esta pobre gente. Haciendo fichas policiales para evitar que delicuentes organizados y sus bandas de matones, que las hay, se instalen en nuestro territorio. Deportándolos en caso necesario.

4. Los Gobiernos deberían realizar estudios quinquenales donde se observe la necesidad de profesionales y las habilidades requeridas para desempeñar un área de trabajo. Se cubriría la parte resultantes con trabajadores foráneos y conociendo el volumen de familias que se necesitan para cubrir la ampliación demográfica necesaria para nuestro desarrollo presente y futuro, y actuar acorde a estos parámetros.

5. Fomentar los intercambios culturales con esos países para que sus jóvenes puedan venir a formarse a nuestras universidades, cada vez más vacías. Una vez terminado sus estudios, con el apoyo de microcréditos y ayudas bancarias, pudieran regresar a sus países de origen e crear negocios, a labrar un futuro.

6. En definitiva, la solución en un mundo global es la búsqueda de ideas, razonamientos y actuaciones globales.


"Europa no debe tener miedo a la inmigración sino escuchar el por qué de ese desplazamiento y actuar en consecuencia. Cerrarse en sí misma y tratarlos como criminales no es la solución. El único camino pasa por un desarrollo y cooperación conjunta, porque si hacemos oídos sordos el problema terminará desbordándose. Y el mensaje político debería ser aquel que no busca la confrontación sino la unidad de acción hacia posiciones compartidas".


miércoles, 2 de julio de 2008

"Tsunami" de derechas


En una edición dominical de EL PAÍS de hace unas semanas se analizaba, bajo el expresivo titular de "Europa se ancla a la derecha", el fenómeno objetivo que nos revela el avance de la derecha en casi toda Europa.
Como argumento gráfico se adjuntaban dos mapas comparativos que denotan la inversión del color de los gobiernos nacionales en los últimos 10 años hasta llegar a la Europa conservadora de hoy en día.

La semana laboral de 65 horas, la estrategia anti-migratoria y las peligrosas licencias que se está tomando la UE en lo que a lucha antiterrorista se refiere, revelan y evidencian el viraje conservador de la UE.

Hace 10 años, se estaba también en el debate de la jornada laboral. Parecían entonces más factibles alcanzar las 35 horas semanales (proyecto que abanderó Francia en su momento) que las 65 horas que ahora se nos plantean como inevitables.

Vivimos, según algunos en una era posideológica, en la que se impone el pragmatismo a los valores y en la que se rebasan las ideologías.
En mi opinión esto es una falacia, que fue promovida insistentemente por Thatcher en los ochenta, según la cual ya no hay ideologías, las cartas están ya marcadas y las reglas del juego están muy claras.

Lo que está sucediendo en Europa es un fenómeno profundamente ideológico, no hay que engañarse. Es un fenómeno ideológico de un sólo signo: el recorte de libertades y derechos. Una estrategia capitaneada por la derecha neoliberal que ha conseguido imponerse en la batalla ideológica a la izquierda y al centro-izquierda. Esta, aturdida, no puede más que ir a remolque y asumir (craso error) que la actual UE es la única posible. Ante las 65 horas: abstenerse. Ante la normativa de retorno de inmigrantes: votar resignados y dar el patético argumento de que esto es "mejor esto que nada"

Este es en mi opinión el problema de la izquierda europea. Está calando en sus huesos el mensaje de la derecha. La izquierda se contamina y no se atreve a rebelarse (entiendase el término) contra una situación grave de desconfiguración y difuminación de la Europa Social (hasta ahora proyecto máximo de la socialdemocracia a nivel europeo).

Se está deshilachando la bandera de los derechos humanos, de las libertades y del modelo social, seña de identidad de la UE a lo largo de estas cinco décadas, sin que aparezca nadie con la fuerza y la determinación precisa para restaurarla y retomarla.

Para concluir, me parece que la izquierda continental no está siendo capaz de dar respuestas sólidas a temas como, precisamente, la inmigración ilegal, la seguridad, la lucha antiterrorista... etc. La derecha ha copado ese espacio, por no comparecencia del "rival" y por eso la ciudadanía solo escucha una sola propuesta, un único punto de vista ideológico en cuestiones que son realmente importantes.
La izquierda tiene que replantear su postura, salir de la órbita neoconservadora y presentar su agenda para estos y otros temas.

Reflexión de Alberto Ginel Saúl

martes, 17 de junio de 2008

Prosigue la campaña contra las 65 horas semanales en Internet


César Calderón (netoratón) ha lanzado una página web que pretende aglutinar y canalizar la inmensa fuerza del movimiento "anti-65" y convertir la reacción social que ha provocado en la ciudadanía dicha propuesta, en resultados para impedir este grave atropello de nuestros derechos.

Es necesaria una movilización sin precedentes para mostrar desde Internet, una presencia que resulte ineludible para medios de comunicación, partidos políticos y sindicatos.
Tienen que saber lo que pensamos los ciudadanos. Tiene que saber la derecha neoliberal artífice de esta medida, que es así como reacciona el pueblo cuando se le intentan arrebatan sus derechos.

El promotor de esta página web y creador del grupo "65 horas ni de coña", ha tenido a bien incluir en su página web nuestra campaña de recogida de firmas, lo cual quiero agradecer, creo que en nombre de todos los que integramos la Plataforma Juvenil Progresista.

Muchas gracias César. Seguimos adelante, todos juntos, contra esta medida regresiva y profundamente perniciosa para todos los trabajadores europeos.

Saludos progresistas

viernes, 13 de junio de 2008

Lanzamiento de la campaña contra las jornadas laborales abusivas

La Plataforma Juvenil Progresista ha lanzado su primera campaña. Lo hace para protestar contra la propuesta europea de ampliación de la jornada laboral hasta las 65 horas semanales. Consideramos que es un grave retroceso que perjudica directamente a los asalariados europeos. Una jornada de 65 horas semanales implicaría trabajar entre 12 y 13 horas diarias. Una barbaridad que han apoyado la mayoría de los gobiernos de esta Europa neoliberal y socialmente tibia.
Creemos en la Europa fuerte, en la Europa de todos, es decir, en la Europa de los ciudadanos. De los ciudadanos con derechos ajustados al siglo XXI y no al XIX.
Hemos puesto en marcha una página para firmar y adherir tu apoyo a nuestra campaña http://www.firmasonline.com/1firmas/camp1.asp?C=1565

Cuando alcancemos las firmas suficientes, remitiremos una misiva a todas las asociaciones, partidos, sindicatos y grupos europeos tradicionalmente ligados a la lucha por los derechos de los trabajadores, para que pasen de la voz a la acción. Del NO verbal al NO en la calle, en las pancartas y por supuesto, en el Parlamento.

Queremos detener esta iniciativa, queremos mostrar nuestra solidaridad con nuestros conciudadanos europeos. Queremos una Europa social y podemos conseguirla.

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Exigimos una manifestación a nivel europeo contra la ampliación de la jornada laboral hasta las 65 h

A.A.: "Sociedad Europea, partidos y asociaciones sindicales

Exigimos una manifestación a nivel europeo contra la ampliación de la jornada laboral hasta las 65 horas semanales para llevar nuestra voz al Parlamento Europeo

Los ministros de Trabajo de la Unión Europea aprobaron, con la abstención de España, Hungría, Grecia, Chipre y Bélgica, ampliar la jornada laboral hasta un máximo de 65 horas semanales (esto es, entre 12 y 13 horas semanales).

La Organización Internacional del Trabajo, hace 91 años, consagró el derecho social a la jornada de 48 horas semanales. Con la nueva medida se está destruyendo de un plumazo todo aquello por lo que el movimiento obrero, desde sus inicios, ha estado luchando: 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de educación.

Con medidas anti-sociales e impopulares como esta, Europa se está alejando de la ciudadanía y sus problemas reales. No es justo que en tiempos de crisis económica sean los trabajadores, las personas de menores recursos, quienes deban pagar trabajando más, sin posibilidad de ampliar sus horas de ocio o el tiempo con sus familias.

Por otra parte, más horas de trabajo no implica un aumento de la productividad y de la competitividad económica europea. Mientras la crisis persista, los precios sigan subiendo, el petróleo se mantenga al alza y el consumo se contraiga, millones de empleos se verán amenazados doblemente, ahora también por la coacción empresarial que puede derivarse de la asunción de esta medida. Puede que para tener un contrato laboral haya que aceptar este “voluntario” ofrecimiento patronal de trabajar hasta 12 y 13 horas diarias.

Queremos que se retire esta medida, que sea rechazada en el Parlamento, que los eurodiputados piensen en los trabajadores, en sus familias, en todos los problemas que acarrearían para ellos y sus familias más horas de trabajo.

Pedimos también a todas las organizaciones políticas, sindicales y sociales a los que va dirigida esta petición que no sólo se rechace verbalmente esta medida. Queremos dar la oportunidad a todos los ciudadanos europeos de expresar su negativa al retroceso en los derechos laborales.

Todos, el mismo día, a la misma hora, toda Europa unida por fin, desde la ciudadanía, desde su base cívica, manifestémonos para exigir una Europa Social que garantice los derechos de todos los trabajadores y trabajadoras.


FIRMA PARA INSTAR A LOS PARTIDOS, SINDICATOS Y ASOCIACIONES EUROPEAS A UNA MOVILIZACIÓN CONTRA ESTA MEDIDA

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Rogamos colaboración y difusión de la campaña, sobre todo a los miembros de la Plataforma, mediante posts en vuestros blogs personales, foros, etc...


viernes, 30 de mayo de 2008

Pasado, presente y futuro de la UE. Una construcción inconclusa

Hace poco el consejo Europeo celebró el 50 aniversario del Tratado de Roma.

Se contemplaron desde esta efeméride los logros y objetivos alcanzados por la Unión en este medio siglo.

Estos 50 años han estado caracterizados por el éxito, la consolidación del concepto de Europa y el progreso económico vivido desde entonces por los Estados miembros.

Para España, que entró junto a Portugal en 1987, el balance es altamente positivo.

Sin embargo aún queda mucho por hacer en esta Unión Europea, desde el punto de vista político y social. La gran cuestión que encontramos hoy al hablar de Europa es como conseguir la voluntad común necesaria para que esta Unión de Estados (que comienza a ser política), de el paso último hacia la consolidación de una Democracia política a nivel supranacional. Esta gran democracia europea no puede desligarse de la propuesta progresista: la Europa ciudadana y social.

Hagamos un poco de historia para saber de dónde venimos, donde estamos y reflexionemos hacia donde deberíamos caminar ahora, en esta primera década del Siglo XXI.

Los primeros pasos hacia la unión y la disolución de fronteras se dieron en el marco de la Guerra Fría, que enfrentó a las dos potencias mundiales (pacto de Varsovia y pacto del Atlántico Norte) y del Plan Marshal que contribuyó a la reconstrucción económica del continente.

Los primeros pasos encaminados hacia la creación del mercado común europeo, consiguieron un acuerdo sobre el sector del acero (CECA), firmado por unos pocos países pero que a la postre sería el germen de la consecución del Mercado Común con la firma en 1957 del Tratado de Roma, considerada la cita fundacional de la Comunidad Económica Europea.

Así se inicia la primera etapa de la construcción europea, que como vemos, tuvo connotaciones económicas y comerciales, pero sin una vertebración desde el punto de vista político. Es por ello que los líderes socialistas y socialdemócratas del momento vieron con cierto recelo aquello que consideraban “la Europa de los mercaderes”, en sentido peyorativo.

Esa primera etapa de recuperación económica sentó determinantemente las bases del sistema de economía capitalista en las sociedades occidentales del continente. Un sistema que estaba basado en el Estado del Bienestar y el Keynesianismo.

Estos años de bonanza y progreso económico dieron lugar a los llamados “treinta años gloriosos” (transcurridos entre el final de la guerra y la crisis mundial del petróleo) que trajeron consigo un espectacular desarrollo de las sociedades europeas en un contexto en el que se llevaban a cabo las descolonizaciones, se instauraba el Estado del Bienestar como una alternativa al fascismo y el comunismo y se comenzaba a hablar de política, derechos y valores a nivel europeo.

Sin embargo, continuaba sin existir un nexo entre el desarrollo económico y el establecimiento de un marco político definido.

La segunda etapa de la Unión Europea se inicia con el año que cambió el mundo: 1989 (la caída del muro de Berlín, la unificación de Alemania, el fin de la guerra fría, el planteamiento de las relaciones internacionales desde un punto de vista más unifocal , la victoria definitiva del parlamentarismo occidental y la desaparición del comunismo como modelo político…)

En este contexto, la Comunidad dio un salto cualitativo, un salto hacia la Unión, un acelerón para integrar en la agenda la dimensión política.

La Unión europea sería a partir de entonces, “una unión política, económica y monetaria”. Se comenzó a hablar de ciudadanía europea, de cohesión, de poner en marcha los motores de una Política exterior, de seguridad y de Justicia comunes, y se comenzaron a llevar a cabo ampliaciones del mapa europeo: Suecia, Austria y Finlandia, los países de la Europa Central más las repúblicas bálticas, y los mediterráneos Malta y Chipre. Ahora estamos en la negociación de la inclusión del primero de los países balcánicos: Croacia, lo que significaría todo un hito no menos relevante que la posible inclusión de un país como Turquía.

Ahora nos encontramos inmersos en esta segunda fase de consolidación política, para avanzar en este cauce, en mi opinión, Europa debe adaptarse a la nueva realidad continental y mundial. La globalización, las migraciones, el cambio climático, el aumento del comercio mundial, el florecimiento de futuras superpotencias como India, China oBrasil, el progreso tecnológico, el envejecimiento de la población, el reto de la integración y tantos otros, han cambiado el panorama de la Unión Europea.

Los progresistas europeos tenemos que buscar respuestas a todos estos retos, para convertirlos en oportunidades, tal y como nos aconseja el experto Anthony Giddens.

Ahora que los Mercaderes quieren limitar el papel social y político de Europa, para reducirla a un mercado sin aduanas, sin límites (y sin pudor), ahora que Europa está mostrando su peor cara respecto a la inmigración (caso de Italia) y ahora que se dejan a un lado los valores democráticos que inspiraron la Unión en favor de la demagogia y el creciente extremismo, los progresistas europeos tenemos que dar una respuesta clara primero, a estas actitudes, y segundo a todos esos grandes retos que se nos presentan.

Tenemos que:

-Proporcionar seguridad económica a los ciudadanos reformando y ampliando el Estado del Bienestar, ese que nos protege como ciudadanos “desde la cuna a la tumba”. Tenemos que mejorar las condiciones laborales y ampliar los derechos de los trabajadores mediante la promoción del diálogo social. Defender los derechos de los trabajadores, pero también de los consumidores: calidad en los servicios públicos, acceso universal a la educación y a la sanidad…

-Luchar contra la desigualdad y la pobreza planteando un “salario mínimo europeo”, promoviendo la solidaridad, la cohesión y la inclusión de los ciudadanos (comunitarios o no)

-Intentar que la globalización económica no haga mella en nuestro sistema público, en nuestro bienestar, en nuestro medio ambiente. Tenemos que plantear un nuevo modelo de desarrollo económico más competitivo basado en la economía social de mercado (como ya propuso el compañero Bitdrain)

-Culminar esta segunda etapa de consolidación europea con un mayor compromiso político en los valores federalistas.

-Hacer de Europa un referente de paz y un mediador válido para los conflictos internacionales.

Con esta entrada he presentado de forma resumida de dónde venimos, donde estamos y en mi opinión, hacia donde deberíamos caminar ahora los progresistas europeos para dar respuesta a los nuevos y apasionantes retos que se están dando ya en nuestro entorno más próximo.

Por Alberto Ginel Saúl

domingo, 25 de mayo de 2008

El trabajador invisible



El trabajador del Siglo veintiuno con respecto al de principios del veinte se ha transformado de forma considerable, los trabajadores de principios de Siglo vivían desamparados, sin ninguna garantía por parte del Estado, sólo podían formar parte del proceso productivo, imprimiendo su fuerza de trabajo en las manufacturas y recibiendo en contraprestación un salario nada adecuado para su esfuerzo, y por tanto no consumiendo lo conveniente, esto sucedía a la par del establecimiento de un situación antagónica de clase y la configuración de un Estado eminentemente burgués supeditado a los edictos del gran capital adicionado con la percepción de que la producción era la variable que decidía los otros sectores económicos(Consumo, Oferta), el capitalismo de esta época ejercía un empobrecimiento del poder adquisitivo en el proletariado aumentando su incertidumbre sobre su destino, este sistema era injusto en grado sumo ya que los trabajadores improductivos (especuladores..) obtenían grandes beneficios gracias a los trabajadores productivos que adquirían la mínima parte de ese beneficio.

Conforme iba transcurriendo el Siglo los cambios iban mitigando esa situación de continua precariedad, así, el modelo Keynesiano introdujo una batería de reformas cómo la agudización del gasto público, la regulación de la Economía por parte del Estado, y una concepción sobre el funcionamiento de la Economía basado en el consumo como variable condicionante de la misma, supliendo a la producción que ejercía ese papel anteriormente, esto provocó que crecieran los salarios para que la gente consumiera y al existir mayor consumo la patronal tuvo un aliciente para producir en mayor medida y por tanto reducir el paro, simultáneamente se constituían Instituciones Públicas que ofrecían servicios a la Sociedad (Sanidad, Educación..) y medidas fiscales que hicieron revertir los beneficios entre los empleados; aunque la tesitura era diferente de la del principios del Siglo, todavía quedaban matices que suponían una diferencia entre estratos sociales.

Con la llegada de los neo liberales una nueva concepción de la Economía se impuso,el divorcio entre el Estado y la Economía y el “dejar hacer, dejar pasar” que promovió Adam Smith se materializaron en la economía inglesa(arquetipo de la eficiencia pública) y en otros países occidentales, la efectividad inglesa en sus servicios públicos disminuyó conforme disminuían los impuestos directos (basados en la equidad), además de la animadversión manifestada por Margaret Tatcher a los Sindicatos y su reivindicación, este modelo basado en la des regulación por parte del Estado limitándolo a un mero arbitro de la Economía y la flexibilidad otorgada a las empresas para poder despedir a su libre albedrío permitió disminuir las garantías laborales y la certidumbre sobre su prosperidad, generando riqueza pero distribuida de una forma poco paritaria.

Actualmente vivimos en un keynesianismo edulcorado por el neo liberalismo, por eso pienso que debemos aplicar los caracteres del Keynesianismo que pueden funcionar en la actualidad (Cobertura pública eficiente, leve coordinación estatal de la economía) y renovar aquellos que se han quedado anticuados cómo las empresas estatales no competitivas haciéndolas más productivas, en definitiva compaginar el desarrollo de la producción con desarrollo social.

La polarización de clases y su supuesta panacea (Comunismo) son dos anacronismos ya que el principio de pauperización que aducía Marx es falaz, la separación entre Economía y Estado es una realidad y el control de la burguesía es menos notorio que en 1848 , ahora sería más apropiado hablar de pos capitalismo, una sociedad en la cual existen estratos trabajadores de cuello blanco (los que trabajan en oficinas), y de cuello azul (emplean su fuerza física ..) pero que al fin y al cabo conglomeran el sector de asalariados, pero esta sociedad pos capitalista no es idílica, persisten diferencias, incluso en el color del “mono” de trabajo cómo ocurre en la Petroquímica de Repsol en Puertollano, un color que hace invisibles a los ojos de muchos a los trabajadores de las contratas.

sábado, 17 de mayo de 2008

El futuro de la socialdemocracia


Tras ver las derrotas de la izquierda europea en Gran Bretaña e Italia, y sumarlas al resto de países europeos donde ya no gobiernan. De momento, es la esperanza.

Y no gobiernan por los fallos propios, que por ser mejor la derecha alternativa. En Italia la izquierda ha renacido en unidad de sus cenizas…en la oposición. En Suecia el hegemónico Partido Socialdemócrata ha vuelto a la oposición en una ¿quizás breve experiencia conservadora? La experiencia sueca no habla de períodos conservadores extensos. Noruega vive de nuevo bajo la izquierda, en Dinamarca no consigue quebrar el bloque de la derecha; Holanda corre el peligro de derivar en un derechisto populista y xenófobo y no prefiero hablar de Bélgica y su deriva federalista o confederalista.

En Portugal y en España la izquierda es fuerte. ¿Por qué? La izquierda europea vive una debilidad extrema: de programa e ideas. El gran programa, que fue el Estado del Bienestar, se ha instalado ya en la Europa occidental. Ahora el nuevo programa, si lo es, es defenderlo del acoso al que se le somete de parte de la derecha neoliberal. España y Portugal aún tienen un bienestar en pañales, Suecia está aún muy lejos, y, mientras se llegue, la izquierda tiene programa.

Las ideas caminan a ser una simple defensa del pasado y de la esterilidad para crear propuestas de los nuevos retos del siglo XXI: ahora quien puede ser conservador es la izquierda y reformista la derecha. Reformista pero no positiva; su reforma es el desmantelamiento del Bienestar por la ley de la selva.

Sí hay una cosa muy esencial que la derecha ha visto y la izquierda ha cedido: las ideas. La izquierda naturalmente tiene ideas, pero no vale tenerlas, no vale pensar que son mejores. Tiene que hacerlas llevar, hacer convencer que son verdaderamente las mejores.

La izquierda ha cometido muchos errores para intentar ganar unas elecciones, el giro a la derecha supone no solo una pérdida de identidad propia del origen humilde, sino la pérdida de ese votante humilde, huérfano de un partido que se le aleja. Y huérfano se echa en los brazos de la izquierda radical o del populismo xenófobo de la ultraderecha. Es una reacción desesperada a opciones que se alejan de llevar un programa creíble, es un voto protesta, no un programa de gobierno.

España ha demostrado que la victoria de la izquierda es desde la propia izquierda; una izquierda enfrentada a la derecha, una izquierda que no sólo ha ganado a la derecha sino que ha hecho algo mucho mejor: convencer. Y convenciendo ha ganado el respaldo de quien antes apoyaba a la izquierda radical o al nacionalismo. El voto protesta se ha convertido al programa de gobierno: en España la izquierda es la que es reformista.

El ciudadano, antes que ser de izquierdas o derechas es ciudadano, posee una conciencia crítica y ansía ilusión. Y votará en conciencia de con quien se identifique más. Y por eso la izquierda puede ganar el apoyo desde la izquierda, sin necesidad de viajar más allá del centro político.

El siglo XX fue un largo proceso de demostración que el futuro no es la ruptura violenta, sino la reforma. Podemos decir que Bernstein ganó el debate, y Kautsky también, porque no apoyó la violencia y pesadilla pervertida que fue el comunismo bolchevique. En esencia, ambos acabaron apoyando lo mismo, y la socialdemocracia alemana caminó por la vía parlamentaria y reformista, junto al resto de partidos socialistas. La alternativa comunista y fascista acabó con una profunda decepción y tragedia para demostrar que únicamente la vía de la reforma ha llevado a la clase trabajadora a avanzar hacia su bienestar material, y a dotar a los sistemas de un funcionamiento democrático y de un Estado de Bienestar.

La I Guerra Mundial acabó con el internacionalismo obrero. La izquierda necesita recuperar un consenso común de actuación, un programa global para aplicar al llegar al poder. El de la derecha es muy claro: destrucción del Bienestar y recorte de los derechos frente a la “amenaza” terrorista. Franklin dijo que quien recorta su libertad para aumentar su seguridad acabará perdiendo ambas cosas. ¿Cuál es el programa común de la izquierda? No hay, la Internacional Socialista ha desvirtuado su contenido para ser meramente un club de partidos. Necesitamos la coordinación internacional, dejar de pensar como países y pensar en globalidad, porque la libertad de la sociedad no es sólo prioridad de Europa, sino del planeta entero. ¿De qué nos sirve Internacional Socialista, la IUSY, ECOSY y Partido Socialista Europeo si no son instrumentos eficaces para la coordinación de las ideas?

Yo veo mucho futuro a la socialdemocracia, pero sólo si sabe dar la cara a la derecha. Y como en España, no basta con gestionar: hay que transformar sin miedo a nada.

viernes, 9 de mayo de 2008

Capitalismo Social

Debiera ser entendido este comentario como consecuencia directa al post escrito por Alberto: Deslocalización, nueva economía mixta y cambio de mentalidad. Quizás el hilo argumentativo se inicie en anteriores planteamientos en este u otro espacio de la red, escritos cruzados e inclusive algunas conversaciones entre ambos.

Dícese de cualquier planteamiento o análisis, pueda subdividirse en otros tantos, de menor envergadura, que suelen ser más manejables y fácilmente discutibles. Antes de dar debida respuesta, planteo a Alberto y demás lectores-participantes la necesidad de plantear discusiones más concretas que nos lleven a comprender el todo, como suma de las partes, previamente discutidas. Serían cuestiones más elementales y abordables, no sólo desde una óptica amena sino desde la relevancia y repercusión que suponen en el día a día, problemas de “a pie de calle”.

Soy consciente de que mis ideas aquí o allá expresadas pudieran ser mal interpretadas, pues ni yo mismo alcanzo ahora mismo a materializarlas en su conjunto. Es como si se tratase de un amplia imagen, con zonas sombreadas que con el transcurrir del tiempo se aclaran.

Quede matizado que cuando incito a una rebelión o a conceptos que pudieran parecer novedosos, no lo son tanto ni tan siquiera invito a una huida o abolición del sistema actual. Muchos pensareis que animo a la vuelta del Comunismo o sistemas obsoletos de similar característica. Pero eso es radicalmente falso.

Los principios que deben regir ese nuevo sistema que he tomado por bandera discierne de toda autoridad dictatorial o que represente la abolición de los estándares de libertad y bienestar social hasta ahora logrados, aunque aún exista margen y senda para recorrer y soñar. De ahí, que mis ideas pretendan encaminarse en la dirección de un sistema que tome como partida los éxitos logrados por la Humanidad hasta la fecha.

He de suponer que hasta la fecha el Capitalismo es el sistema que ha consolidado una estándar de vida bueno para un mayor número de personas, siempre en relación a los sistemas anteriores. Obviamente, tal y como citábamos en entradas anteriores, este sistema termina degenerando y creando una gran desigualdad social, pues por sí solo no es capaz de garantizar una cierta equidad y solidaridad entre personas convivientes en la sociedad.

La globalización ha venido a universalizar el concepto de sociedad más allá de lo enteramente nacional o fronterizo. Existe por tanto un agravio comparativo en el sentido de que las estructuras neoliberales y el poder económico o empresarial (abanderado por las multinacionales) se han hallado en un nuevo marco de referencia, donde a nivel global no existía ni hay hoy día movimientos sindicales, alternativas políticas divergentes y ni tan siquiera el menor atisbo de oposición a sus políticas, de carácter reduccionista, del poder e intervención estatal.

Irresponsablemente, la clase política y la población de los países occidentales no han impedido ni se han movilizado tras el comienzo del proceso de deslocalización de empresas en busca de la tan galopante reducción de costes. Tal es así que nos hayamos ante un fenómeno de transferencia tecnológica e industrial, base de nuestro consolidado crecimiento y bienestar social para dejarlo en manos de gobiernos no democráticos o de dudosa ética. En cambio, Occidente incrementará el número de desempleados y accederá a productos cada vez más caros, echo que incidirá en una situación inflacionista y a medio plazo economías en recesión, puesto que habrá una competencia directa por los recursos básicos, a la vez escasos.

Mi apuesta, llegados a este punto, reside en dejar de lado las banderitas, los carné de partido y ponerse el “mono de trabajo”. Es otro de esos conceptos a los que últimamente tanto acudo, hablo del trabajador social. El hombre debe luchar contra su egoísmo inherente, abrir su mente a otra forma de entender la vida, de plantear la rutina del día a día. Fusionar en una lucha colaboracionista, donde no siempre se busque el interés y el beneficio propio, donde jóvenes y mayores empleen su tiempo en ayudar, participar, formar parte de la sociedad, realizando tareas en su barrio, en definitiva colaborando entre todos para un mayor bienestar común de todos y entre. En definitiva, fomentar la participación en actividades sociales, generando una sociedad rica, culta y plural, que se sienta viva y que se respire en la calle.

No obstante, de todo lo anterior no vive el hombre y, por ende, ha de buscarse una solución que de respuesta al desánimo de la juventud, a la precariedad laboral, a la soledad de los mayores, al estancamiento del poder adquisitivo, acceso a una vivienda digna y que ésta no sea un medio para enriquecerse, etc, etc.. En este sentido, quiero hacer un llamamiento para que todos demos un paso adelante en la búsqueda de una estructura económica que reduzca y elimine las deficiencias del sistema actual, un nuevo capitalismo reformado que facilite la incorporación de aquellos agentes sociales reprimidos, marginados, estancados y olvidados en lo que he venido a llamar CAPITALISMO SOCIAL.

En ese nuevo sistema no habrá reparto de riquezas, sino generación de un nuevo concepto de riqueza, que yendo más allá del meramente materialista estará basado en la educación, el conocimiento, la cultura... en una riqueza personal de personas libres e independientes, no manipulables. Será un sistema que brinde y genere oportunidades porque será un marco que no beneficie a los empresarios, al sistema bancario, sino a la persona independientemente de su condición social, en función única y exclusivamente de sus méritos.

Llegados a este punto cabe preguntarse si todo lo anterior es o no una utopía, inclusive pudiera decirse que como ideas no están mal pero deben aplicarse en la práctica. Nada más lejos de la realidad, la teoría sin práctica es como querer conducir un coche sin ponerse al volante.

Las ideas que pudieran llegar a plantearse aún forman parte de mis sombras, pero pudiera comenzarse con...

1) Una clase política sensata y coherente que gobernara más allá de las políticas partidistas y más en las estrategias de Estado.

2) Participación ciudadana en las tomas de decisión municipal, con verdaderas asambleas locales.

3) Transparencia y lucha anti-corrupción.

4) Fomentar nichos de mercado y nuevas empresas basadas en el cooperativismo. Creando un cuerpo estatal de gestores, administrando empresas de esta índole y poniéndolas en manos de personal cualificado, profesionales con estudios y trabajadores al uso.

5) Regenerar e incentivar la vuelta a las zonas rurales creando nuevas y ágiles infraestructuras que unan campo y ciudad, repoblando el mundo rural y generando riqueza con la mano de obra inmigrante, controlada y con una raíz cultural semejante a la nuestra (caso de Sudamérica).

6) Inversión en Industria y Nuevas Tecnologías.

7) Inversión en Educación.

8) Las dos anteriores, pero no de forma anecdótica sino con responsabilidad y con Pactos de Estado.

9) ...

Deslocalización, nueva economía mixta y cambio de mentalidad

La socialdemocracia clásica no ha tenido entre sus prioridades históricas la creación de riqueza.
Más bien se ha preocupado de la gestión de susodicha riqueza en favor de la ciudadanía (mediante la protección social y la redistribución).

Desde luego, el neoliberalismo ha hecho hincapié en la pura creación de riqueza, pero sin atender demasiado a la necesaria supeditación social de esta. La riqueza como tal, (mesurada en los índices de PIB) no es de por sí, sinónimo de prosperidad social.

La nueva izquierda no debe abandonar, en mi opinión, la redistribución de la riqueza, ni tiene que dejar de aplicar instrumentos como la “renta básica de ciudadanía”… etc, pero sí sería necesario estimular también el crecimiento económico.

Una reconfiguración de la antigua economía mixta (sin olvidar nunca las necesarias fronteras social-privado, ni cuales son los valores sociales que nos mueven), parece ser una buena salida a esta cuestión.

La sinergia entre sectores públicos y privados parece inevitable. La existencia de la economía privada, además de legítima, no tiene porqué ser negativa siempre que esté acotada y definida Es cuestión de aprovechar la tesitura.

Del sector público hay que extraer el interés general, la legitimidad del Estado también para gestionar la economía nacional y para tratar con las transnacionales y el equilibrio entre regulación y liberalización (que puede ser objeto de gestión privada y qué es irrenunciable para el Estado.

Y del privado, podemos extraer como positivo el dinamismo y la vocación innovadora de los mercados.

Hay que definir entonces que es irrenunciable para el Estado Social, que materias son intocables para que un Estado funcione correctamente. Y en mi opinión estas son la sanidad, la educación, la energía y gran parte de la industria y del mercado de trabajo.

¿Cómo convencer a los “amos” de que tienen que ceder terreno al Estado? Mediante la generación de una nueva filosofía de empresa (lo hablaba ayer mismo con Bitdrain en una de nuestras interesantes conversaciones).

Convencer a lo privado de que no se trata simplemente de separar lo público de lo particular, como proponía hacer la socialdemocracia clásica, sino de lograr una cooperación (¿quimérica?) entre ambos estadios, el general y el particular.

Hay que cambiar esa culturaque considera al trabajador como una mercancía, cuyo puesto de trabajo puede ser llevado de Avilés a Shangai pasando por Moldavia sin que ningún gobierno se inmute ni pueda hacer nada.

Hablo, desde luego, de la deslocalización de puestos de trabajo a manos de multinacionales. Este dramático fenómeno es una innegable fuente de desempleo, decadencia, aislamiento, desafección e inestabilidad social. Y aquí, como en tantas otras cuestiones, el Estado ha de tener voz porque tiene los votos de los ciudadanos y está obligado a defender los intereses de los ciudadanos sobre los de las transnacionales. Bitdrain en este punto, propuso algo muy interesante: dar facilidades fiscales a las empresas y aumentar la inversión estatal en I+D+I para mejorar la productividad y evitar la deslocalización. Esta sería la protección social del trabajador más efectiva, porque se realiza a priori y no cuando el inmenso mal ya está hecho.

Vuelvo al que es el tema central de la cuestión: cambiar la cultura empresarial (y social) respecto a las relaciones del trabajador con la empresa y de la empresa con el Estado. Ardua tarea que como casi todos convendremos, tiene que tener incidencia desde el temprano periodo educativo.

Evitar la deslocalización, lograr en las empresas una mayor sensibilidad ecológica, instar a un reforzamiento de la investigación y el desarrollo… etc implica tener que lograr grandes cambios en la mentalidad sináptica de mucha gente. Creo que detrás de este proyecto regeneracionista está una de las metas del reformismo social: humanizar el sistema para garantizar a todos una existencia más digna y humana.

Convertir el inherente y prsente egoísmo en conciencia y responsabilidad cívico-social. Conseguir que el Estado se refuerce y coopere eficazmente con el sector privado traerá sin duda riqueza y prosperidad. Riqueza para los Estados (pero también para las empresas) y prosperidad para los Estados Sociales, que podrán seguir redistribuyendo y ofreciendo prestaciones sociales a sus ciudadanos.

lunes, 5 de mayo de 2008

Del socialismo al Trabajo Social


Quisiera hacer pública mi manifesta crítica a las opiniones aquí vertidas, en busca de un consenso no fácilmente alcanzable sin una previa exposición de ideas. Me escudo en la concepción argumentativa de que cualquier idea plasmada en un papel reluce con verdadero optimismo y fervoroso éxito ante entuciastas partidarios.

Como muchos se han cansado de comentar a lo largo de los diferentes medios, nuestra cultura occidental está cimentada sobre una "economía de mercado", que algunos denominan capitalismo y otros sistema neoliberal. De por sí, este sistema no introduce desigualdades y deficiencias al sistema social. A mi modo de ver, el sistema económico vigente es como un enorme tablero donde tiene lugar la "partida" y donde se desarrollan las actividades comerciales e interacciones humanas de cualquier índole.

Se ha de suponer que las condiciones de juego no son iguales para todos, lo cual quiere decir que cada uno de nosotros parte con unas cartas y que según como las emplee logrará tener cierto éxito o no. Estudio aparte merecería lo que se entiende por éxito.

El problema aparece en el sentido de que no todos nacemos con las mismas cartas, ni que tan siquera podemos llegar a soñar con manejarlas. Ahí comienza la deriva del sistema, donde unos pocos poseen las cartas importantes, las que predominan y con las que se puede sacar interés del sistema para uso propio.

Muchos de mis compañeros han venido a hacerse eco del mensaje lanzado, no se sabe muy bien por quien, de que la izquierda está en crisis. Dudo que esto sea cierto, pues si analizamos el plano geopolítico internacional, allí donde la población sufre, allí donde las desigualdades son tan crecientes, allí se impone la izquierda, radical y populista para algunos, fundamental y necesaria para otros.

En Occidente, esa izquierda tradicionalista no ha sabido adaptarse a las circunstancias por el simple hecho de que un comunista no puede pretender la abolición de clases sociales, el reparto igualitario de los recursos y luego ir por la calle en un BMW y un iPod.

¿Está la socialdemocracia o la izquierda en crisis? Bajo mi humilde opinión son los valores de la izquierda los que están en crisis, no la izquierda en sí. Sin entrar en detalles a nivel de partido, queda claro que la población se ha cansado de un discurso que incita a las masas y que reduce en las prácticas lo prometido con las palabras.

La ideología no puede ser sistema ni punto de montaje práctico sin un sustento económico, sin un programa económico que justifique el alegato de la palabra. ¿Pueden los socialdemócratas oponerse y criticar el capitalismo devorador si luego sus representantes políticos lo emplean en la acción de gobierno? ¿Dónde queda la moralidad de los hechos?

La socialdemocracia, enmarcada en el siglo XXI, es una corriente meramente conservadora. No intenta modelar o reformar el sistema, sólo reducir pequeñas diferencias, sin oponerse a los desagravios sociales. Por tanto, se sustenta y realimenta en el capitalismo vigente. Izquierda debería implicar gasto social, extensión de servicios públicos y aumento de la calidad de dichos servicios, implica acciones que reduzcan el desequilibrio social y económico entre personas, medidas que mejoren drásticamente la situación de los grupos sociales marginados y desfavorecidos.

Cómo es posible un "gasto social" si cada vez los Estados tienen menos peso como aparatos administrativos, si cada vez el aparato del estado ingresa menos capital y centra sus esfuerzos en un superávit fiscal, que de darse empleará en gasto. La receta clásica de incentivar la economía reduciendo el impuesto a empresas y a particulares, para luego recaudar a través de impuestos indirectos (IVA, petróleo, alcohol,...). Si la izquierda promueve la igualdad, qué tiene de igualitario qué todos paguemos los mismos impuestos por productos que en ocasiones son de primera necesidad.

¿A quién representa la socialdemocracia? A la clase acomodada que tiene algo de conciencia social, que no quiere perder sus privilegios pero tampoco se olvida del papel del estado como agente social y proveedor de servicios.

Por tanto, me atrevo a desmentir a aquellos que creen que la socialdemocracia puede representar a todos los sectores sociales, o que pueda siquiera representar a toda la izquierda. No nos engañemos, un Frente Popular no es posible.

Occidente necesita la izquierda plural, todos los sectores sociales deben de verse representados e identificados sin que ello justifique una merma de la libertad social del pueblo, sin que el estado se radicalice. La pluralidad es tan positiva como necesaria, si queremos un sistema que represente la justicia social.

La socialdemocracia no será aquello que los políticos enarbolan ni lo que el pueblo necesita, si la socialdemocracia no recorre la vía a un nuevo socialismo, no tan alejado de posturas ya olvidadas, postulados no necesariamente comunistas como muchos estareis pensando.

La izquierda no necesita redefinirse pues la ciudadanía sigue teniendo los mismos problemas básicos, denominados pobreza, marginalidad, igualdad de derechos, libertad.... los ideólogos deben dejar de teorizar, los historiadores deben dejar de reinventar la historia. Es hora de que los economistas reinventen una vía, un nuevo sistema económico de izquierdas, viable y que garantice una convivencia social más justa e igualitaria, beneficiosa para todos. Tan sólo es eso,

Trabajo Social.




martes, 29 de abril de 2008

Socialdemocracia: teoría y práctica para seguir en la Izquierda.

El socialismo, nacido de la 1ª revolución industrial, teorizado por Marx y materializado y concretado por la Unión soviética, pretende mostrar las debilidades y el cariz injusto del capitalismo para 1- Destruirlo o 2- Humanizarlo mediante un reparto más equitativo de la riqueza Nacional.

Existen, en consecuencia y simplificando, un socialismo marxista y un socialismo reformista.

Por lo tanto socialismo, es un término al menos tan ambiguo y desdoblado como los que has enumerado: “progresista” o “liberal”, por ejemplo ¿A cuál de estos dos tipos de socialismo te refieres? ¿Cuál defiendes y cuál es defendible a día de hoy? ¿Cuál reivindicas y cuál contrapones al concepto de “socialdemócrata”?

La identificación de la socialdemocracia con el socialismo reformista y gradual, es bastante sencilla y casi automática. Sin embargo, el otro socialismo, el marxista, parece que murió o quedó desacreditado hace ya mucho tiempo, desapareciendo de facto, como una opción realista y viable.

Es por ello, que la corriente socialdemócrata, cuya aplicación práctica no dejó de generar beneficios a las clases medias y trabajadoras entre los años 1945 y 1977 instaurando el Estado del Bienestar, es la única que hoy, sobrevive y puede sobrevivir.

Hay quien también quiere enterrarla y por ello aboga por un modelo social-liberal, pero ese es otro tema, que trataré más adelante.

Consideras que las palabras (como los conceptos a los que hacen referencia), han muerto, se han marchitado. Por el contrario, yo pienso que se ha producido, a través del tiempo y de los acontecimientos históricos, una transvaloración y una transfiguración de los conceptos y las palabras que empleamos para referirnos a las cosas y a las ideas.

El socialista de hoy no es el socialista de mediados del siglo XIX.

Porque no comparten estos ni las metas programáticas, ni los medios para coronarlas. Ni son iguales las sociedades en las que desarrollar sus programas, ni el nivel de vida de sus familias, ni sus derechos laborales y personales, ni sus sociedades tienen una composición idéntica, ni siquiera semejante.

Por ello, el socialista de hoy, el que milita en cualquiera de los partidos de la izquierda europea (PSOE, SPD, PD), puede ser llamado socialdemócrata, por analogía, sin que se nadie se sorprenda

En mi opinión, el socialismo adaptado y revisado (como hizo Bernstein) para adaptarlo a la realidad de cada siglo, o mejor: de cada década, da como resultado la socialdemocracia.

El mensaje socialdemócrata no está ahora tan solo dirigido a los trabajadores, a los “hombres de manos callosas”.

La socialdemocracia se orienta y busca una base social y un apoyo electoral no-clasista, si no basado en los valores, en las ideas, en la identificación con el ciudadano y que busca dar respuesta a las necesidades, amplias y diversas, no unívocas, de los no-privilegiados económicamente, que son las clases medias y bajas (ya no solo de los trabajadores manuales o fabriles)

Pasamos del movimiento obrero al movimiento cívico incluyente.

Intuyo cierto rechazo, algo de purismo, una reticencia a identificar socialismo con socialdemocracia.

Socialdemocracia no significa, como le espetaban a Bernstein a finales del XIX (y como nos siguen achacando a muchos hoy día), ni traición, ni edulcorada versión, ni frío pragmatismo o interesado posibilismo.

Socialdemocracia es simplemente, el abandono de dogmatismos, para flexibilizar y hacer posible la evolución de las ideas y los programas, siempre pegados a la realidad y a las necesidades históricas de cada sociedad en cada momento.

Gracias a esta renovación, hemos conocido la socialdemocracia originaria, la clásica y la contemporanea (influida por la tercera vía), muy distintas e incluso opuestas entre sí.

Creo, de hecho, que la crítica y el rechazo a la socialdemocracia viene dada por una confusión terminológica.

Se tiende a relacionar este pensamiento (la socialdemocracia actual) con la ideología de políticos como Tony Blair, propulsor del social-liberalismo, doctrina que yo, personalmente no comparto en absoluto.

Por lo tanto, el problema está en que los partidos que se dicen socialdemócratas, dejen de serlo para virar hacia posiciones más liberales. Es por ello por lo que exigía una reflexión, un llamamiento a la reconstrucción de las posiciones del socialismo democrático para frenar el viraje al centro (al abismo) por parte del Laborismo, por ejemplo. Y atentos al PSOE.

Ahí es donde las personas con preocupación social y vocación igualitaria, tenemos que dar la batalla, dentro de nuestros propios partidos y exigiendo a nuestros gobiernos que no abandonen el Estado del Bienestar, que no nos dejen a nuestra suerte, en las garras del capitalismo más fiero e injusto.

En definitiva, socialdemocracia no es ni blandura ni ambigüedad, ni tampoco abandonar las aspiraciones básicas del idealismo socialista.

Pero sí es realismo, es adaptación al medio (en el tiempo y en las circunstancias), es aprovechar la riqueza que genera un capitalismo humanizado y acotado por la actuación del Estado, para garantizar crecimiento económico nacional, pero también una redistribución de la riqueza a través de prestaciones públicas, políticas sociales y servicios.

La socialdemocracia es la única fuerza política de izquierdas que ha podido demostrar que la justicia social es alcanzable y necesaria para corregir desequilibrios económicos y mitigar los efectos del Mercado, protegiendo a los más vulnerables.

Es aceptar el marco democrático, para instaurar una economía mixta, donde convivan el legitimo sector privado, con el control y la salvaguarda de diversos sectores vitales, como son la Educación, las infraestructuras, la energía y la sanidad en manos del Estado como expresión del interés y la voluntad nacional.

Todo ello, encaminado hacia la Igualdad social, que si no me equivoco, es el fin último y básico de lo que siempre se ha llamado Socialismo.

No hay que dedicarse a batallas dialécticas, sobre qué es o qué no es socialismo. Hay que hacer que los partidos de la Internacional Socialista, se marquen como objetivo político primordial y sincero, la defensa del Estado del Bienestar.

Como hemos visto, defenderlo es defender la Igualdad, defenderlo es ser de izquierdas, es acotar y limitar el poder de los poderosos.

Aquí entraría la crítica al social-liberalismo y a la tercera vía, movimientos ambos, que se “adaptan” a la realidad convirtiéndose a ella.

Aquí estriba la diferencia principal y mi crítica.

Pido que la socialdemocracia analice y responda a los problemas de la sociedad actual, sí, pero no que entre en la órbita del modelo que hoy por hoy impera en estas sociedades modernas, es decir: el neoliberalismo.

No pido una homologación económicamente del movimiento socialdemócrata el neoliberalismo. No pido para mi partido, ni para ningún otro que se diga progresista o de izquierdas, que gire al centro y cribe su ideario para “agradar” más al centro político. Pido precisamente lo contrario, enfrentar dicho modelo por injusto, para evitar que continúen atropellandose nuestros derechos.

Hay alternativa a ese modelo injusto. Hay alternativa a la ley de la selva: la Civilización. Lo vemos en Suecia, en Finlandia, en Noruega.

El modelo socialdemócrata clásico no murió sobre el asfalto, junto al cuerpo inerte de Palme, como se pretende que creamos. La socialdemocracia no está muerta, ni siquiera dormida, simplemente tiene que perder los complejos que arrastra, erigirse con ese orgullo, como la defensora de los más débiles, apostar por la reforma del Estado del Bienestar no hacia su debilitamiento si no hacia su robustecimiento, en estos tiempos de amenaza e incertidumbre.

Blair y compañía no son socialistas, es cierto, pero es que tampoco son socialdemócratas. Es otra ideología, con otros supuestos y otros objetivos.

Mis objetivos políticos son claros. Son los de la Socialdemocracia, o al menos, los que debería defender dicha ideología.

Alberto Ginel Saúl

Pido perdón por la extensión del artículo, no volverá a pasar....

¿Por qué ser socialista?

En esta era digital no sólo las palabras hacen visibles y justificables los argumentos del escritor. Es, por ello, que intercalaré algún que otro vídeo en este post. Nuestro amigo Alberto nos presenta como socialdemócratas pero yo no me considero como tal. No soy progresista, ni liberal, ni socialdemócrata, ni comunista, anarquista, conservador, fascista... ninguna de esas palabrejas me infunden respeto alguno, pues todas van marchitas en este largo recorrido que nos lleva al neoliberalismo.

Considero que las palabras han perdido valor en voz de quienes desconocen las verdad de los hechos, el significado que la historia asignó a cada una de esas corrientes. Hoy en día, vacías, muchas de ellas representantes del modelo económico exiguo que no haya diferencia práctica entre socialdemocracia, liberalismo o conservadurismo. Si bien es cierto, dependiendo de la persona o partido, puede verse a un "proclamado socialista" a la derecha y a los "conservadores" a la izquierda. Todo depende del prisma bajo el que se observen los hechos.

Vivimos en la pura apariencia del desvelo. Hoy día, ser "izquierdas" es considerado prácticamente como anticlerical, alejado de la retrógrada máxima institución, en constante lucha contra el Estado más poderoso. Sin embargo, muchos son los que ven en la religión católica, en su Evangelio y en su Teología de la Liberación, la más clara e inicial muestra de socialismo, el inicio del todo. He aquí una muestra, entrevista a LEONARDO BOFF en la CNN. No dudes en echar un ojillo (muy ilustrativo).



Volviendo al mundo geopolítico, hay quienes abanderan el "avance social" a través de lo que ellos llaman "progresismo". ¿Pero qué es el progresismo? En el siguiente enlace, ¿Qué es ser progresista?, podemos apreciar una discusión entre amigos muy interesante, entre ellos Alberto y un servidor. No obstante, yo os pido una ligera reflexión sobre la esencia de este término y lo que implicaría la negativa de dicho significado. ¿Quién no quiere el progreso para sí? ¿o para sus hijos? ¿o para su sociedad? Entonces... ¿acaso los conservadores y los liberales rechazan el progreso?

Para mí, amigos míos, la política debe ser entendida no sólo por el objetivo propagandístico o mercader de quien accede a los cargos públicos para ejercer la gestión de aquello que nos pertenece a todo. Para mí, la socialdemocracia debe ser socialismo.

Eso significa que el ciudadano debe ser el foco de todo ejercicio político y humano, de tal forma que recordando uno de los post anteriores, el político, la persona (política o no) debe de proclamar una nueva revolución consistente en el trabajo social.

El socialista, no el socialdemócrata, es aquella persona que promueve el cambio social, la solución de problemas en las relaciones humanas y el fortalecimiento y la liberación de las personas para incrementar el bienestar de la sociedad.

Mediante la utilización de teorías sobre el comportamiento humano y los sistemas sociales, el trabajo social interviene en los puntos en los que las personas interactúan con su entorno. Los principios de los derechos humanos y la justicia social son fundamentales para el trabajo social.

¿Por qué tenemos miedo a llamar a las cosas por su nombre? Si nuestra intención es elaborar un debate distendido para generar una nueva ideología o impulso juvenil regenerador, debemos a atrevernos a lidiar con todos los parámetros. Si deseamos hacer política no es por querer parecernos a González, Zapatero, Azaña o cualquier ilustre político español, sino porque se tiene vocación por ayudar al desprotegido, erradicando las desigualdades sociales, instaurando un sistema igualitario y con unas garantías de libertad que generen ese entorno.

¿Qué es lo que queremos? ¿Por qué estamos aquí? Esas deben ser las primeras preguntas.

Saludos.



lunes, 28 de abril de 2008

(II) TEMA DEL MES DE MAYO: Presente y Futuro de la Socialdemocracia y el Estado del Bienestar

Con la llegada del mes de mayo, los contribuyentes de la Plataforma nos proponemos abordar un nuevo tema.
Un tema profundo, amplio, interesante y del cual se pueden extraer ricas y valiosas conclusiones. Pedimos, ni más ni menos, reflexionar (y que los visitantes nos ayuden) acerca del estado actual de la socialdemocracia como ideología y forma de gestionar el Estado del Bienestar, y el futuro de estos dos conceptos, en supuesta crisis desde finales de los años setenta.

Queremos conocer si la socialdemocracia está realmente en crisis, si cabe adaptarla al modelo propuesto por el neoliberalismo imperante, mediante fórmulas como el social-liberalismo o la tercera vía o si, por el contrario la socialdemocracia clásica de Palme y Willy Brandt está viva todavía.

Queremos establecer el nuevo idealismo socialdemócrata, para que no se nos acuse de ser "fríos pragmáticos", defensores de una doctrina abocada a lo práctico pero desnuda en lo ideológico. Queremos establecer, desde el punto de vista de los jóvenes de la izquierda democrática, aquellos retos que ha fijarse la socialdemocracia del presente y del futuro, para dar respuesta a las políticas neoliberales y a los grandes retos de las sociedades actuales: multiculturalismo, medio ambiente, redefinición del Estado-Nación, economía global, igualdad de derechos y oportunidades, gobierno del sector público...

En definitiva, un debate complejo, pero que puede resultar muy enriquecedor, profundamente útil para dotarnos de una base ideológica y programática sobre la cual, lanzar nuestros mensajes e ideas en torno a cuestiones aparentemente más cercanas y tangibles.

Aprovechando el aniversario, podríamos también plantear un "subtema" que verse sobre el llamado "Mayo del 68". ¿Qué queda de esa revolución, construida por los jóvenes de toda una generación? ¿Es reproducible ese movimiento en las circunstancias actuales? ¿Hay arena de playa bajo los adoquines?

Temas apasionantes que requieren de vuestra activa y generosa participación.

Saludos progresistas.