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viernes, 10 de octubre de 2008

El divorcio juventud-asociacionismo

Debido al extenso texto que me ha resultado, dejo las preguntas para separar cada tema y ayudar a la comprensión.

¿Reflejan fielmente las Asociaciones juveniles a la Juventud actual?

El asociacionismo, en general, está muy reñido con la sociedad en general y la voluntad de participar, de “estar en algo”. La gente vota, aproximadamente el tope máximo en las sociedades democráticas es el 80%, y este límite solo se alcanza en los momentos de máxima tensión entre dos modelos políticos distintos.

El asociacionismo político es mal visto: “los partidos son malos, son todos iguales”, se piensa. ¿Qué se va a pensar de sus organizaciones inferiores, como las asociaciones juveniles? Sin embargo, y siempre teniendo en cuenta que el asociacionismo en la sociedad es minoritario, entre las personas que militan en una organización, ésta suele ser generalmente una ONG. Es decir, la gente que se asocia lo hace para “ayudar al que necesita la ayuda”.

La sociedad actual está muy imbuida en el terreno del individualismo y del consumismo. En este punto, los viejos planteamientos liberales han triunfado en tanto que cada individuo piensa primero en sí mismo que en la colectividad. En el terreno joven, lo que importa, si no en la mayoría, sí en una gran parte, es en “tener”: tener los nuevos objetos imprescindibles para la vida (móvil, mp3, un ordenador o play station, Internet, ropa de tal marca). Sin negar que son objetos muy útiles, pero que han ayudado a configurar la sociedad de consumo. Sin ser asociacionismo tal como lo conocemos, organizado, la juventud se agrupa en grupos que comparten un mismo estilo de música, un mismo estilo de vestir y, si nos ponemos en un extremo y por suerte es minoría, en una misma banda de violencia legitimada por una ideología irracional (bandas latinas, bandas de skins…). La asociación es natural, porque es algo que el individualismo no es completo: la persona necesita apoyarse en un grupo, la persona necesita una compañía.

Los datos demuestran que donde más se extrema el individualismo más índice de suicidios tenemos. ¿Cuántos suicidios de jóvenes hay en Japón? Lo peor es que se ha llegado al suicidio “en grupo”. El intento de desconexión con el resto de los individuos, el pensamiento limitado en el “yo primero” genera esto.

¿Estamos igual de comprometidos los jóvenes de hoy respecto a las generaciones precedentes?

La sociedad de hoy no es la sociedad de hace medio siglo, y menos aún de la de hace un siglo. Hace medio siglo, y en España menos aún, la sociedad luchaba por la ampliación del Estado liberal al Estado social, y la socialdemocracia colaboró en el éxito de esta lucha. Desaparecidas las trabas (supuestamente), ampliado la democracia, conjurado el peligro totalitario y autoritario, la sociedad se ha visto libre, la sociedad de hoy, los jóvenes de hoy, han nacido en una sociedad exitosa. Pero una sociedad que ahora se puede morir de éxito.

¿Para qué luchar si ya lo tenemos todo? Es el pensamiento que, a mi opinión, es dominante. Las organizaciones juveniles de hoy no son las mismas que hace años. En los momentos de lucha por las libertades lo que movía era esa lucha, la lucha de todos, la lucha por un interés general. Hoy, en la sociedad democrática, el interés que mueve al mundo es otra lucha. La lucha de uno mismo, la lucha por el interés particular. Es otra victoria del liberalismo y, ay, ha triunfado hasta en el campo mismo del asociacionismo de la izquierda socialista.

Si llegáramos a comprender hasta qué punto es frágil la libertad, el libre pensamiento y la democracia, actuaríamos de otra manera. La historia parece demostrar que, a veces, en los momentos de máximo peligro, no se ha sabido responder al enemigo de la libertad. ¿Podría haber actuado de otra manera la oposición a Berlusconi en el Caso Matteotti? ¿Podría haber actuado de otra manera el Partido Bolchevique ante la perspectiva de que construían no la Dictadura del Proletariado, sino la dictadura personal de Stalin? ¿Podría haber actuado de otra manera el KPD alemán y las fuerzas democráticas de la Alemania de Weimar sabiendo que su lucha era la muerte de la frágil democracia y el ascenso del NSDAP? ¿Podría haber actuado de forma sensata los anarquistas, socialistas y derechistas españoles para no haber caído en la destrucción mutua y el surgimiento de cuarenta años de dictadura? Y así hasta la eternidad, la historia de la raza humana es un cúmulo de errores, aciertos, decisiones y posibilidades que ya entran en la ciencia-ficción y la suposición. Yo creo, y rezo por equivocarme, que la ceguera de la sociedad actual respecto a los problemas que sacuden el planeta (pobreza del Tercer Mundo, desapego de la democracia, la agonía del capitalismo salvaje, la bomba nuclear, el terrorismo y sus causas…) nos deparará en un futuro no lejano mucho sufrimiento.

¿Cómo podemos combatir el individualismo actual?

El individualismo no es algo que se combate, el individualismo o el cooperativismo es algo que se aprende desde pequeño, porque la sociedad en conjunto te lleva actuar. ¿Por qué si no la derecha está destruyendo la educación pública y los postulados de la socialdemocracia? Porque quiere ese individualismo, porque ese individualismo no conduce al socialismo, porque en la división y en el egoísmo tiene la base de su apoyo y su poder. Que conste que, como digo, en la izquierda existe ese mismo individualismo: esa percepción no llevará a la sociedad al socialismo.

Sin embargo, hay que saber observar a la sociedad y sus respuestas a los estímulos que se dan. La derecha quiere destruir la educación como la conocimos, ello generará individuos que se crean a pies juntillas sus más descomunales mentiras, lo mismo que en 1984 de Orwell la gente se creería que dos y dos son cinco si el Partido dice que así es. Pero lo que la derecha también genera es un rechazo a esa dictadura del pensamiento. Lo mismo hace una educación abierta: generará ciudadanos solidarios y progresistas en mismo número, o más quizá, que ciudadanos que rechacen esas ideas. Pero los crearán. Cualquier acción puede generar una aceptación y un rechazo. Esa es una de las virtudes de la libertad, y a la vez uno de sus peligros.

Siempre habrá un pensamiento progresista y un pensamiento reaccionario. Pero la Ilustración, y las revoluciones liberales burguesas lograron imponer a la sociedad la creencia en los derechos naturales del hombre, cuando en el siglo anterior tales cosas no existían en la mente humana. Así, creo que hay mucho trabajo por hacer llegar que conceptos como democracia, derechos sociales, solidaridad internacional y superación de los conceptos irracionales del nacionalismo y del racismo, son inalienables al ser humano. Esto no es porque lo dijeran cuatro locos, sino porque es positivo para la sociedad.

¿Hay que buscar nuevas formas más atractivas para inducir al asociacionismo?

No podremos hacer llegar las propuestas progresistas a la juventud si no se predica con el ejemplo. ¿Creerán en la solidaridad en boca de quienes se matan por el poder? ¿Creerán en la democracia en boca de quienes rechazan las opiniones contrarias en el seno de su organización? ¿Creerán en el asociacionismo en boca de quienes arrinconan a quien no les dice a todo que sí? La sociedad percibe los partidos y las asociaciones como el aparato que crean unas minorías para mantenerse en el poder, pese a los cambios, y las bases no son más que la correa de transmisión de lo que se dice de arriba.

Eso me lleva a una pregunta, ¿hemos superado el concepto irracional del poder? Antaño el rey gobernaba porque así lo disponía Dios; ahora hay que decir esto, luego lo otro, porque así lo dispone la minoría que nos controla. El poder desde Arriba no ha sido superado, el poder desde Abajo no ha llegado aún.

¿Son correctas las políticas de Juventud de las instituciones?,¿y la inversión?

Es normal que, en la política, los ámbitos de la juventud estén ocupados por jóvenes. Eso es bueno en tanto que piensan como jóvenes y saben lo que quieren los jóvenes. Otro es lo que se haga, que en muchas ocasiones va bien encaminado, o en otras se opera para favorecer un interés ideológico o personal. ¿Va a permitir un gobierno de la ideología que sea que se hagan actos y programas para jóvenes que lleven a ideas contrarias? No digo que haya gente que cumple con la libertad, que deja que haya pluralidad, pero también es verdad que en otros momentos se ponen trabas al que piensa distinto.

Antiguamente las organizaciones obreras vivían de sus miembros para ayudar a sus miembros, sin ayuda estatal. El acceso al poder de la izquierda socialista y la extensión del Estado social ha llevado a la subvención de los organismos sociales y políticos, y eso a la arbitrariedad y a la burocratización. Hasta tal punto se han desnaturalizado organizaciones combativas en organizaciones burocráticas y por tanto conservadoras de lo existente. La inversión debe ir con una premisa: el ejercicio de la libertad y de la libre expresión, tanto el que da ese dinero como el que lo recibe.

Como no creo en la planificación sistemática de la sociedad, lo que la propia sociedad haga en su beneficio puede ser acertado. Las organizaciones obreras surgieron por iniciativa propia, no por la del Estado. Lo que hagan los jóvenes, en uso de su libertad y en el beneficio colectivo, puede ser altamente positivo.

¿Son eficaces los Consejos de la Juventud?

Los Consejos de la Juventud ¿Qué es eso? Diría si se le pregunta a un joven anónimo. La idea en sí es buena, pero la realización ha dejado mucho por el camino. Para empezar, el ideal socialista es la democracia plena. El Consejo de la Juventud está integrado por las asociaciones juveniles, pero no se elige en “libertad”, más que la libertad de esas asociaciones. Y partiendo de la premisa que el asociacionismo es minoritario, los Consejos los integran minorías. Para mí el ideal, que es el ideal socialista, es la democracia total, la democracia radical. Elegir libremente los órganos de expresión, abierto a todos. También su limitación, la juventud, plantea un problema: ¿hasta qué edad se es joven? Es lo mismo que ahora se discute hasta qué edad se es viejo. El trabajo de los Consejos, invisible, por cierto, es necesario, pero gozarán de más legitimidad si se eligen libremente, lo mismo que el Congreso de los Diputados goza de toda la legitimidad porque su elección está abierta a todos los ciudadanos mayores de edad.

¿Están las asociaciones juveniles demasiado imbuidas en el partidismo de los mayores?

Como dije antes, el ideal de la lucha colectiva se ha sustituido por el ideal de la lucha personal. Y en las organizaciones juveniles de partido, más. Se proclama la autonomía, que no la independencia, pero en la práctica eso se revela como una intromisión Partido-Juventudes como una Juventudes-Partido. La organización juvenil de partido debe estar subordinada al mismo partido, pero debe establecerse una condición: la no intervención de unos en los otros. El discurso debe ser coordinado, la opinión interna tolerada, y el trabajo debe ser común. ¿Por qué? Porque el cooperativismo es lo contrario a lo que aquí se denuncia, el individualismo. El individualismo, la lucha personal y la intromisión por el poder no llevan al socialismo. En el partido debe valer la opinión de los que son militantes del partido y de su base social, no la de otra organización, y menos sacudiendo votos en los órganos internos. Porque esos “votos” son personas, personas que, supuestamente, tienen libertad de pensamiento, pero que se les zarandea como hombres de paja y simples correas de transmisión de lo que se decida. La verdad es que la libertad está muy dañada, y así, el divorcio juventud-asociacionismo no se resolverá.

lunes, 1 de septiembre de 2008

(V) TEMA DEL MES DE SEPTIEMBRE : "Crisis económica, respuestas desde la Izquierda"

Propuesta de debate para el mes de septiembre:

La crisis económica: ideas, mensajes y actuaciones desde la izquierda ideológica para salir de ella.

La justicia social y la inversión como alternativa al recorte y a la externalización

martes, 26 de agosto de 2008

La izquierda europea

El discurrir histórico de la izquierda europea ha sido diverso tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los partidos socialdemócratas adquirieron nuevo vigor y vieron la victoria de sus planteamientos económicos del Estado intervencionista; el Estado del Bienestar se empezaba a construir. Por su parte, los partidos a la izquierda de la izquierda, los comunistas, veían recompensado su lucha antifascista con grandes apoyos electorales en Francia, Italia y el Este, hasta llegar incluso a ser en aquellos momentos el primer partido nacional.

Suecia ya conocía gobiernos socialdemócratas desde los años 30, siendo el primer modelo de construcción del Estado del Bienestar y referente de la izquierda no comunista como alternativa a los Soviets. La historia política nórdica ha dado un gran predominio del partido socialdemócrata en Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. La Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO) vio un proceso de unión de fuerzas hasta crear el Partido Socialista de Mitterrand y ganar las elecciones en 1981. El Partido Laborista británico ganó las primeras elecciones tras el conflicto bélico y se caracterizó, hasta Tony Blair y sus tres victorias consecutivas, en gobiernos cortos, no más allá de una legislatura, y una política clásica a veces no muy adaptado a lo que Reino Unido necesitaba. Tanto se degradó que el último hachazo lo dio Thatcher desmantelando el sistema del bienestar bajo la bandera del neoliberalismo. El SPD alemán, el gran partido modelo de la socialdemocracia, hubo de renunciar a lo poco de marxismo que le quedaba en su discurso en 1959 para pasar al gobierno de la mano de democristianos, y luego en compañía de los liberales y los verdes. El Partido Socialista Italiano vivió a la sombra entre el poderoso Partido Comunista, y la Democracia Cristiana, llegando al gobierno con éstos en el llamado pentapartito para privar del acceso al poder de los comunistas.

En España no tuvimos oportunidad de decidir libremente hasta la muerte del dictador, y se reveló que el PCE, muy fuerte en la oposición al franquismo, no tenía nada que hacer frente al PSOE. Si en este caso pudiéramos hacer un análisis de la situación, tendríamos que ver los apoyos socialistas en la II República y los actuales. En la República, los apoyos le venían de las regiones y centros urbanos industriales (Madrid, Asturias, País Vasco, País Valenciano y los jornaleros andaluces no anarquistas). Esos apoyos le valían entre 2 y 4 millones de votos. En la nueva etapa democrática, el PSOE tiene, más los apoyos entre los trabajadores urbanos y rurales, los de la nueva clase media creada bajo el régimen dictatorial. Podría decirse que tiene los apoyos electorales clásicos, los trabajadores, más los que recogería un partido liberal progresista si existiera. Así es el resto de partidos socialdemócratas: su gran éxito fue la integración de clases para dar con partidos de izquierda, moderados, pero muy reformistas.

La caída de este modelo viene pareja a la crisis del sistema económico, los años 70 y 80. No fueron su inmediato declive, pero si los inicios, para mostrarse en toda su manifestación desde los 90. Porque la manifestación del declive fue la renovación misma en la derecha. La derecha había acabado por aceptar la intervención estatal en la economía y el Estado del Bienestar para dar nacimiento a una derecha, proclamada liberal, pero que nada tiene que ver con el antiguo liberalismo: inhibición total en la economía, privatización sistemática de todo lo público, rebajas impositivas a sus electores, esto es, las clases más ricas, y un profundo conservadurismo social en un nacionalismo étnico extremo, discriminación de las minorías y la ideología clasista más rancia. Todo empezó con Ronald Reagan en Estados Unidos, pero el mayor paradigma de esta nueva, y ahora vieja, derecha, es Margaret Thatcher. Una cosa que todos tenemos que aceptar, una cosa hicieron bien: los tuvieron bien puestos para atreverse a imponer sus programas. Otra cosa es que no compartimos sus postulados. Pero la izquierda no supo evitarlo, porque no supo actuar previamente. Y ahí comenzó la caída.

El hecho más dramático es la propia caída del socialismo italiano, cómplice de la Democracia Cristiana en los múltiples escándalos de corrupción sacados a la luz por Di Pietro en Manos Limpias. Se quedó al 1% como castigo y se inició la diáspora socialista en pequeños partidos. Curiosamente era el Partido Comunista, convertido en Democrático de Izquierda, quien ocuparía su lugar. Ni la unión socialista hace poco tiempo ha servido para volver a dar energía a algo en lo que los italianos no muestran confianza. Es un hecho curioso que un partido comunista renuncie a sus principios, acepte de nuevo la socialdemocracia y sea capaz de seguir siendo uno de los dos grandes partidos italianos, añadiendo ser capaz de unirse a democristianos progresistas y dejando fuera del parlamento a sus escisiones del comunismo ortodoxo. Visto que actualmente los partidos de la izquierda comunista en Italia, España y Francia estén en un apoyo electoral ridículo, creo que sería muy positivo que siguieran el mismo camino, porque eso sí sería de ayuda para una izquierda unida muy fuerte ante la derecha.

Y en Alemania la cosa cambia, la unión de los socialdemócratas descontentos con Schroeder y los antiguos comunistas del Este sí ha dado un partido de izquierda bastante considerable hasta en el Oeste. Ahí está la debilidad de la izquierda, pero, ¿por qué se divide? Por abandonar parte de sus postulados y bases clásicas. Ahí está toda la lista de Ciudadanos, UPyD, Die Linke… y la extrema derecha.

¿Hay acaso un modelo unificado? No, la Internacional Socialista se ha desvirtuado y vaciado para ser un foro de partidos totalmente independientes, que aplica su política independiente frente a los problemas existentes. Incluso medidas opuestas, como que el Labour Party apoye la reforma de las 65 horas y otros partidos europeos la rechacen, o cada uno mire a un nacionalismo propio en materia energética, o acepten la idea de la derecha de que la inmigración es negativa. Sin olvidar que se ha aceptado la existencia de la gestión privada de lo público. Es una política de parches a un sistema económico que demuestra una vez más sus crisis periódicas y ante la cual la izquierda no sabe proteger a su base, a las clases humildes.

La lógica de un partido de masas impone una estructuración en jerarquía, el crecimiento genera una burocracia inmensa, destinar unos grandes recursos al mantenimiento, y control, del propio partido, que ha derivado más en proteger a la cúpula dirigente de las bases, y a usar éstas en la manipulación y fraccionamiento de corrientes personalistas bajo una excusa ideológica. Todo se reduce a votos, números: clientelismo. Si pudiéramos coger una frase del argot comunista, la "decadente sociedad burguesa", en este caso los partidos de izquierda han heredado, y de ello no se excluyen ni los comunistas, algo "decadente burgués", el antiguo clientelismo, la vinculación personal y no ideológica. Al observar la historia, toda construcción es perfecta en su inicio, el tiempo lo degrada. El viejo imperio romano de Augusto, el imperio carolingio, la unión soviética… eran máquinas perfectas en manos de su creador, ellos sabían qué había que hacer y con quién debían contar. Pero pasados una generación esto no es así, y el mérito y la fortaleza se sustituyen irreversiblemente por el favor y la debilidad. Ése es un grave problema de los partidos socialistas, en un momento de crisis ideológica no son las ideas lo que sostienen al partido, y no es de extrañar las luchas personales (Blair-Brown en Gran Bretaña, el fraccionalismo italiano, Royal y los "elefantes" del socialismo francés…)… es, al final, la derrota del proyecto.

Creo sinceramente que la victoria de la izquierda pasa por el discurso fuerte, pero basado en la realidad, por eso no hay que tener miedo al abrir una reflexión. Y, sobre todo, la izquierda siempre ha sido la rebeldía contra el inmovilismo, otrora burgués, ahora de viejas jerarquías. Es en el mérito y en la eclosión de ideas donde está la solución a esta ecuación que es la victoria y futuro de la izquierda. Un liderazgo fuerte, basado en un proyecto más que en la persona que lo represente, porque al final esa persona que esté delante solo es la punta de un iceberg de personas e ideas.

domingo, 3 de agosto de 2008

Reflexiones sobre cuestiones nacionalistas (I)


El tema de este mes nos propone analizar el papel de la izquierda tanto nacional como europea, identificar sus vicios y buscar nuevas ideas, nuevas estrategias renovadoras que los subsanen y corrijan, con el fin de lanzar nuevas y más atractivas propuestas.

Al mismo tiempo, Daniel abrió (si me lo permite) la caja de los truenos. Una reflexión sobre el nacionalismo, la situación lingüistica del castellano en las regiones con dos lenguas oficiales y otras cuestiones relacionadas.
Estos temas, por delicados y por transcender desde el terreno de las ideas hasta el de los sentimientos, mueven muchas reacciones, actitudes y pasiones enfrentadas.

Pero no por ello debemos pasar de puntillas y limitarnos a mirar de reojo la cuestión sin "meternos en harina".
Además, en mi opinión, uno de los errores de fondo de la izquierda nacional tiene que ver con esta cuestión.

Y es que de un tiempo a esta parte siento un gran desasosiego al comprobar que faltan voces dentro del socialismo catalán que defiendan con normalidad y sin tapujos ni miedos, aquello que se ha dado a llamar neutramente el "Estado Español", y que siempre se ha llamado España.
Esta sensación subjetiva se profundiza tras atender a las resoluciones del último congreso "nacional" del PSC.
Como partido autodenominado "catalanista" y empeñado en arañar votos a los nacionalistas de carnet como CiU o ERC, el PSC ha quedado desnaturalizado, desdibujado.

Nos quejamos muchas veces de que el PP se adueña de España, pero es que en esta cuestión, se la hemos puesto en bandeja. El PP se presenta en Cataluña como "el único partido constitucionalista".

Lo que la Constitución enuncia sobre la cuestión lingüistica es que el castellano es la lengua oficial en todo el territorio español. Esta oficialidad será complementada, yuxtapuesta (no solapada) por las lenguas regionales, si las hubiere.
El nacionalismo reinante en Cataluña desde hace décadas, siempre ha tomado medidas que más que la cooficialidad y el enriquecedor bilingüismo , buscaban la solapación, la sustitución de una lengua por la otra.
Escuelas, organismos oficiales, instituciones y hasta tiendas de barrio han sido los campos de maniobras de los obsesionados nacionalistas.
La inmersión lingüistica y cultural atañe a los ciudadanos y por ende también a los partidos.
Es por ello que el PSC ha pasado de ser el partido de los humildes emigrantes extremeños y andaluces de las primeras décadas de la Democracia, a ser un partido cuasi-nacionalista.
El PSC se puso, habilmente "a la última moda" electoral aunque por el camino se dejaron demasiados jirones y compromisos ideológicos irrenunciables.
23 años en la oposición bajo la sombra de Pujol les hicieron comprender que las batallas de las urnas catalanas se libran en lo identitario, en lo sentimental y en la particularidad. En segundo término quedaron ideas como la igualdad, la solidaridad, lo social, eclipsadas tras lo nacional.

La política lingüistica quizás solo sea la punta del iceberg. El castellano en la escuela, en los medios y en las instituciones públicas están muy por debajo del márgen de la dignidad.
Pero solo es un síntoma de algo más: de un incomprensible complejo de inferioridad, de un victimismo insostenible que justifica la imposición del catalán por la idea de que solo crecerá y se afianzará socialmente si lo hace a costa del castellano, (inocente representante de un pasado de opresión identitaria y política que acabó en 1978).

1978, cuando se promulgó aquello del bilingüismo, la cooficialidad, la convivencia de los enriquecedores elementos culturales que componen nuestro país.
Eso tan sencillo, razonable, positivo. Eso que tanto pica a algunos. Eso que está siendo dinamitado.
Es cierto.

Dos horas de castellano a la semana no es bilingüismo.

Una televisión pública 100% catalonófona no es bilinguismo.

Promocionar económicamente con fondos públicos el etiquetado y el rotulado de productos y comercios en catalán y multar los que lo están en castellano no es bilingüismo.

Unas instituciones incapaces de expedir un documento oficial en una de las dos lenguas oficiales no es bilingüismo.

Los requisitos excluyentes para acceder al funcionariado o a cualquier otro puesto cara al público, no es bilingüismo.
Ergo, no se está cumpliendo la ley. La está incumpliendo el gobierno autónomo de Cataluña ( socialistes y socios adyacentes).

Surgió un partido no nacionalista que actualmente cuenta con representación parlamentaria (pese a todas las dificultades, trabas y pese a lo dura que es ya la costra de la inmersión identitaria). Todos los partidos "catalanistas-nacionalistas e independentistas" (los que conforman el establishment) se apresuraron a tildarles de "fascistas", y "españolistas", como si el término españolista fuese un insulto mientras que ser catalanista se convierte en conditio sine qua non para alcanzar el sillón del a Generalitat.

¿Es nuestro amigo Daniel un fascista enemigo de su propia tierra?. Reflexionemos.
Solo es un "ciudadano rebelde" dispuesto a llenar con sus ideas, un espacio ahora vacío.

Un espacio que otros abandonaron voluntariamente y en tropel como una desorientada manada dispuesta a pastar en mejores y más cómodas praderas.

El espacio de la izquierda madura, racional, ilustrada y española.

sábado, 12 de julio de 2008

África como cárcel


Durante los últimos días hemos hablado aquí sobre la inmigración.
Al mismo tiempo, llegaban a nuestras costas nuevas remesas de expectativas quebradas. El insoportable drama de la inmigración clandestina nos dejaba muestras de su dureza más absoluta con la muerte de esa decena de bebés en el último cayuco dirección Canarias.

Esta es una cuestión demasiado caliente y lacerante como para analizarla desde la frialdad que sí permiten otros temas.
Hablar de inmigración clandestina es antes que nada, hablar de desigualdad.
De países empobrecidos, asfixiados y profundamente deprimidos. Países agotados bajo la explotación de un tirano o bajo unas condiciones de guerra, analfabetismo, enfermedad endémica y conflicto que no pueden más que dejar marchar a sus cerebros y sus brazos nacionales en busca de una vida cuanto menos digna.

Es hablar de mafias. De intermediarios que, aprovechándose de esta tesitura organizan desesperados viajes hacia la incertidumbre cuyo precio asciende a los ahorros de toda una vida. Es hablar del país receptor, del país extraño y pretendidamente próspero que bien o mal ha de acoger a estas personas.

Entra entonces en juego la Integración, que es el ejercicio primordial a realizar por el país receptor. Pero el otro pilar (como las míticas columnas de Hércules) se encuentra al otro lado del estrecho: la Cooperación al desarrollo.

Los países emisores son, como se ha dicho (y como todos sabemos) países que en el mejor de los casos se encuentran en "vías de desarrollo", pero que en cualquier caso, siguen, tantos siglos después, practicando una agricultura de subsistencia que no permite levantar el vuelo a la economía nacional.
El siguiente problema que asfixia estos países tiene una raíz política: los gobiernos del África sub-sahariana se entregan en cuerpo y alma al oscurantismo de las multinacionales que exprimen con el beneplácito de los gobernantes corruptos, los recursos naturales de uno de los continentes más ricos en materias primas.

De estas dos dramáticas realidades surgen dos soluciones radicales, dirigidas a desarraigar el problema en su origen.
La cooperación y la ayuda al desarrollo que, con proyectos concretos, rompa de una vez el círculo de pobreza y subdesarrollo y favorezca la generación de capacidades y potencialidades que aceleren la revolución industrial pendiente desde hace siglos en ese territorio.

Muchos países "del primer mundo" tienen un compromiso incompleto, parcial y a veces fingido con el Africa subsahariana, y así lo demuestran mediante la aportación anual de un porcentaje de su PIB (España se acerca al 0,7% sugerido por la ONU).
¿Pero dónde va esa ayuda, cuando debe gestionarla un gobierno títere de intereses creados, cuando debe distribuirla un cacique al que no le importan sus ciudadanos ni su nivel de vida?. Como la gran mayoría de los problemas, este tiene también, en parte, una resolución política. Hace falta que los países desarrollados (se entiende que también lo son en cuanto a Derechos Humanos, Democracia y libertades), se comprometan a llevar a cabo una definitiva y efectiva descolonización de África, que haga de estos países verdaderas naciones y no deplorables regiones-despensa dirigidas por un tiránico capataz y mangoneadas desde fuera (desde EEUU y la UE) para mantener nuestro tren de vida que se demuestra cada vez más y más insostenible y próximo al descarrilamiento.

De nuevo reclamamos desde aquí un cambio titánico... Una inversión de las mentes, una humanización de la vida política, unas nuevas reglas del juego, una justicia radical que casi nunca es atentida desde las altas esferas.
Ojalá quien gobierne el mundo mañana tenga más corazón. ¿O mañana será ya demasiado tarde para uno de cada dos pobladores del mundo? esos que viven y mueren por debajo del umbral de la pobreza.

Reflexión de Alberto Ginel Saúl

No hay más ley que mi capricho

Leopoldo Alas, Clarín, escribió una vez en “El Solfeo”: “Y el cacique demostró con sus hechos aquel dicho: no hay más ley que mi capricho, aquí el Estado soy yo. Él sirve de providencia y es juez en última instancia, todo pleito él lo sustancia, toda causa él la sentencia. Él engendra diputados y distribuye estanquillos…” qué razón, cuánta razón tenía en su época. Y, por desgracia, cuánta razón sigue teniendo hoy en día.

Porque las Juventudes Socialistas de Madrid pecan de estos defectos. Se convocó el Comité Regional extraordinario para enmiendas y delegados al Congreso del PSM el pasado día Viernes 11, para celebrarlo el próximo día Domingo 20. Asimismo, el límite de presentación de las enmiendas al texto de la Ponencia Marco expira para las JSM el Lunes 14. Teniendo en cuenta que hoy se ha publicado la Ponencia Marco, sin enviarlo a ningún compañero de las JSM, sería muy difícil ponerse a trabajar cuanto antes por falta de información. No es solo falta de información, es desidia. Tampoco hay que dirigir exclusivamente la crítica a la dirección de las JSM, los plazos dados por el PSM, convocando el Congreso justo después del verano y obligando a los procesos locales y regionales en época de vacaciones, es una forma de coartar la participación masiva en los órganos del Partido y de las Juventudes.

Muchos, al empezar jóvenes a militar en las Juventudes, guardábamos amplios ideales, una energía infinita por participar, por ayudar, por darlo todo para el proyecto. Creíamos que las Juventudes serían un paraíso de la honestidad, puesto que estamos mucho más apartados del aparato del poder. Creíamos. Decía Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Toda la razón.

Con el tiempo, observando todas las triquiñuelas, toda ambición huérfana de ideas, todo personalismo superlativo y tanto trepismo descarado, nos preguntamos: “¿dónde quedaron las ideas de la izquierda? ¿Cuándo fue abandonado la preocupación en la sociedad, intercambiado por una preocupación de “qué hay de lo mío”?”

Con el tiempo, nos hemos ido desencantado y entristeciendo. Pero no nos hemos rendido. Por mucho que haya caciques haciendo y deshaciendo a su antojo en las Juventudes, por mucho silencio que hagan a los que se dejan todo por un proyecto, por unas ideas, no nos hemos rendido.

Ante todo, por lo que haga o deje de hacer la dirección regional de JSM, más preocupada por buscar un hueco en las listas electorales a las Cortes Generales que a darse visibilidad a una juventud madrileña en manos de la derecha, nosotros no nos rendiremos. Pero, ¿qué visibilidad puede haber sin ni siquiera existir un proyecto que ofrecer? La labor de las agrupaciones locales no está tenida en cuenta, y, si alguna es molesta, se organiza una moción para tumbar a sus dirigentes o se niega su constitución, como en el caso de otras. Incumpliendo estatutos, además.

Como jóvenes de entre los jóvenes, creíamos que el mérito era la medida en tu sitio dentro del organigrama. Ni qué decir que qué craso error. Si resulta que no es el mérito sino el compincheo y el interés personal. No importa que la ejecutiva se pueda llenar de gente sin mérito, porque no medirán su éxito por logros tales como la influencia de las Juventudes en los jóvenes madrileños, sus campañas y sus protestas, sino que lo medirán basándose en si han conseguido o no sus objetivos personales, que pueden ser resumidos en una palabra: cargos. No hace falta ya proceder de la vida profesional a la vida pública: se pasa directamente a la vida pública, es el único oficio y beneficio que muchos conocen. Es toda una novedad, ¡la organización juvenil de un partido llamado obrero controlado por quien no tiene más experiencia que haber empezado la universidad!

Tendremos unas JSM ineficaces, desaparecidas, al mismo tiempo que un PSM ineficaz y desaparecido. Nosotros queremos que Tomás Gómez, aunque guste a unos más y a otros menos, sea un líder de la oposición fuerte, con un proyecto alternativo serio, y sea visto, y conocido por los madrileños. Pero es que nada de esto existe, y el PSM está cometiendo muchos errores que no puede permitirse si quiere volver a ganar: no puede dejar a Aguirre que ponga en marcha su perverso proyecto neoliberal. Antes de que fulano o mengano sean tal o tal cosa en las Juventudes y el Partido, lo que exigimos es convicción, fuerza y proyecto, y no personalismos, desidias e insidias. Porque hacer desaparecer el socialismo de Madrid, es trabajar contra el socialismo en Madrid.

miércoles, 2 de julio de 2008

"Tsunami" de derechas


En una edición dominical de EL PAÍS de hace unas semanas se analizaba, bajo el expresivo titular de "Europa se ancla a la derecha", el fenómeno objetivo que nos revela el avance de la derecha en casi toda Europa.
Como argumento gráfico se adjuntaban dos mapas comparativos que denotan la inversión del color de los gobiernos nacionales en los últimos 10 años hasta llegar a la Europa conservadora de hoy en día.

La semana laboral de 65 horas, la estrategia anti-migratoria y las peligrosas licencias que se está tomando la UE en lo que a lucha antiterrorista se refiere, revelan y evidencian el viraje conservador de la UE.

Hace 10 años, se estaba también en el debate de la jornada laboral. Parecían entonces más factibles alcanzar las 35 horas semanales (proyecto que abanderó Francia en su momento) que las 65 horas que ahora se nos plantean como inevitables.

Vivimos, según algunos en una era posideológica, en la que se impone el pragmatismo a los valores y en la que se rebasan las ideologías.
En mi opinión esto es una falacia, que fue promovida insistentemente por Thatcher en los ochenta, según la cual ya no hay ideologías, las cartas están ya marcadas y las reglas del juego están muy claras.

Lo que está sucediendo en Europa es un fenómeno profundamente ideológico, no hay que engañarse. Es un fenómeno ideológico de un sólo signo: el recorte de libertades y derechos. Una estrategia capitaneada por la derecha neoliberal que ha conseguido imponerse en la batalla ideológica a la izquierda y al centro-izquierda. Esta, aturdida, no puede más que ir a remolque y asumir (craso error) que la actual UE es la única posible. Ante las 65 horas: abstenerse. Ante la normativa de retorno de inmigrantes: votar resignados y dar el patético argumento de que esto es "mejor esto que nada"

Este es en mi opinión el problema de la izquierda europea. Está calando en sus huesos el mensaje de la derecha. La izquierda se contamina y no se atreve a rebelarse (entiendase el término) contra una situación grave de desconfiguración y difuminación de la Europa Social (hasta ahora proyecto máximo de la socialdemocracia a nivel europeo).

Se está deshilachando la bandera de los derechos humanos, de las libertades y del modelo social, seña de identidad de la UE a lo largo de estas cinco décadas, sin que aparezca nadie con la fuerza y la determinación precisa para restaurarla y retomarla.

Para concluir, me parece que la izquierda continental no está siendo capaz de dar respuestas sólidas a temas como, precisamente, la inmigración ilegal, la seguridad, la lucha antiterrorista... etc. La derecha ha copado ese espacio, por no comparecencia del "rival" y por eso la ciudadanía solo escucha una sola propuesta, un único punto de vista ideológico en cuestiones que son realmente importantes.
La izquierda tiene que replantear su postura, salir de la órbita neoconservadora y presentar su agenda para estos y otros temas.

Reflexión de Alberto Ginel Saúl

domingo, 29 de junio de 2008

El valor del cambio


Nothing is better in this life than a beautiful day... o eso al menos debieron pensar los de U2 cuando el sol se habría hueco, de tiempo en tiempo, en la húmeda Irlanda, dejando atrás los rainning days. El sol entre la penumbra de un gélido temporal suele suponer un perfecto símil del valor del cambio que os deseo transmitir.

Parece ser que el motor que articula el conjunto de los hombres en sociedad es aquella definida por el término progreso. Supongo que todos venimos a entender ese concepto como cambio, avance, caminar hacia adelante o mejorar una situación presente o pasada. Es una palabra o concepto bastante ancestral, ya registrada en el latín, progressus.

La "fuerza del progreso" convertida en voluntad de cambio ha llevado a la humanidad hasta nuestros días, introduciendo en la vida de las personas verdaderas mejoras de calidad de vida. El sentido del progreso creo que se puede entender como parte de la propia existencia o naturaleza humana, caracterizando ese sentimiento de mejora, de desarrollo personal, esa necesidad de huir del conformismo, esa búsqueda renovada de la verdad, de dar sentido a nuestras vidas, ya no sólo desde un punto de vista personal, sino colectivo.

Todas las teorías filosóficas, doctrinas de caracter religioso, cada acción del hombre adulto va encaminada en busca de un progreso, ya sea el suyo particular o el colectivo. Luego, todas nuestros movimientos vitales buscan un sólo camino, a veces incierto pero con una misma meta, aunque ésta sea inconsciente.

¿Acaso no es el "progreso social y humano" algo así como la forma de aunar el desarrollo personal de los individuos que viven "libres" en sociedad?

Si abandonamos a la suerte, al más puro albedrío, a nuestras nuevas generaciones... ¿no estaremos incurriendo en una involución de ese desarrollo de la humanidad? Si nuestros chicos no están preparados para ser personas, que no profesionales, pues más importante es lo uno que lo otro, que futuro y que humanidad estaremos construyendo.

Si nos dejamos engañar por las falsas banderas de la libertad y la falacia del moderno progresismo social, nos estaremos cediendo a la opción de que no haya un verdadero cambio. La sociedad, ésta y todas las anteriores, han sido dependientes de un dinamismo que no sólo generaba un avance para la humanidad sino que concertaba la creación y expresión cultural y artística como modelo de cambio, como una manera de expresar ese desarrollo intercultural de transformación de la sociedad, un cambio lento y silencioso que nos trajo numerosas revoluciones sociales, culturales e intelectuales.

Podrá seguir creciendo el ser humano, ser un hombre adulto y maduro, cuando toda la responsabilidad de creación la ha cedido a una dependencia tecnológica y vida acomodada que nos convierte en seres no-autónomos y, por tanto, no libres.

Quizás se otorgue demasiada importancia a la tecnificación de la sociedad del siglo XXI, donde parece que existieran individuos que sólo viven por y para la tecnología. ¿Acaso ésta no es sólo un medio? Y si nos estuviésemos dejando abrazar por una esclavitud tecnológica que nos va robando tecla a tecla el último suspiro de humanidad, el último aliento de personas.

Miedo da quienes, por ende, proclaman a sí mismos representantes de ese cambio, ese progresismo cuando en realidad sólo buscan cambiar e instalar su propio modelo de sociedad, sus ideas y sus teorías.

En mi opinión, el cambio y el progreso es un proceso auspiciado por cada uno de nosotros, en nuestra vida cotidiana. Somos las personas el verdadero motor de la sociedad, quienes debemos decidir cómo ha de ser ese cambio y qué tipo de progreso requiere la humanidad. Un proceso que no debe tener en cuenta sólo al capital, ni sólo a una parte de dicha sociedad por muy representativa que sea.

El futuro lo creamos en todos, tantos los buenos como los malos. Que no se nos olvide.