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martes, 18 de noviembre de 2008

Un nuevo contrato social


España ha cambiado mucho desde 1978. La sociedad, las formas de pensar, el problema militar, el terrorista, las relaciones con Europa… España ha dado un giro sorprendente. El modelo autonómico vino a satisfacer las reclamaciones nacionalistas: el autogobierno. Por ende, también se extendió por el resto del país. ¿Esto ha sido bueno? Sí. La gestión más próxima tiene que estar lo más cerca posible del ciudadano, no sólo para ofrecer una buena administración y ayuda, sino para ejercer un mayor control. Creo que el modelo de descentralización no debe ser sólo al campo regional, sino traspasar a lo local, llegar hasta la democracia más participativa posible.

Esto tiene que ir con un planteamiento básico: se descentraliza para ayudar al ciudadano, no se descentraliza por un territorio. El ciudadano es la piedra angular del sistema, no las regiones. Cuanto más feliz sea un ciudadano, cuanto mejor pueda vivir y cuantas más de sus derechos se vean garantizados y perfectamente ejercidos, mejor será para la nación, el territorio o la localidad.

Las reformas estatutarias emprendidas con la caída de la derecha del poder tienen dos intenciones: una, reestructurarse frente a los nuevos retos transcurridos esos 30 años de cambios en la sociedad; dos, volver a intentar contener las exigencias del nacionalismo. Cuando ha llegado el momento de que la ciudadanía se pronuncie a las reformas, en el caso catalán votó menos de la mitad del electorado. ¿Era pues, un tema relevante para la sociedad? Recordemos en una sociedad partida a la mitad, no ya sólo izquierda-derecha, sino nacionalismo-no nacionalismo, donde algo que, supuestamente, debería tener relevancia para la "nación catalana", no la tiene. ¿En verdad es, pues, tan importante el nacionalismo? ¿No será que los ciudadanos dijeron simplemente: "trabajad y dejadnos en paz con vuestras discusiones sin sentido"?

Voy a emplear la historia de España liberal para referirme al Senado. Históricamente el Senado ha sido siempre una cámara conservadora, como en el resto de los Estados liberales. Los regímenes más radicales, los que más se propusieron avanzar, los más progresistas, como las Cortes de Cádiz o la II República, no tenían cámara alta. El Senado es un estorbo. En el régimen actual el Senado tiene menos poder que el Congreso, el Congreso siempre tiene la última palabra, ya lo hemos podido ver en estas últimas legislaturas con los Presupuestos. Hay que estar agradecidos que esto no sea Italia, con dos cámaras de iguales poderes, causante de caídas de gobiernos. Pero, ¿para qué queremos un Senado que no sirva para nada? Está la otra propuesta, que sea la cámara de representación territorial, recogido además en la Constitución. En el Parlamento no se tienen que representar ni estamentos ni territorios, como las cortes medievales, en el Parlamento se haya representada la soberanía nacional, que reside en el pueblo. El Senado no tiene cabida, debe dejar de existir.

En el nacionalismo tenemos que hacer una distinción: hay ciudadanos que se sienten nacionalistas, y hay políticos que hacen negocio y se mantienen en el poder a base de explotar ese sentimiento. Es palpable que el nacionalismo surge por la existencia de unas diferencias- económicas, sociales, culturales- con el resto del país, y mucho más cuando se trata de regiones más adelantadas (Quebec, Lombardía, Cataluña, Euskadi, Flandes…). El nacionalismo se le combate mejor con la palabra, con la democracia: el nacionalismo se mantiene a base de un discurso de mentiras, de egoísmo y diferencia frente al otro, y hay que desmontar esas tesis. Ante las propuestas de consultas, yo quiero seguir el ejemplo del Partido Laborista escocés. No es un partido secesionista, pero quiere que se haga la consulta para que los independentistas sean derrotados y privarles de su discurso identitario. Lo mismo tenemos que hacer: si se quieren promover consultas, que se hagan, que se marquen criterios de más allá de la mitad más uno, tanto en votos como participación, porque si pasa lo mismo que en las consultas de los estatutos catalán y andaluz, es que esos temas les importan bien poco a la ciudadanía. Una vez pasados esos trámites, derrotadas las posturas soberanistas, esos gobiernos nacionalistas o se dotan de un nuevo discurso, de un verdadero programa de gobierno, o serán los ciudadanos quienes determinen quién gobierne. Lo que sí es cierto es que hay una autodeterminación: la ciudadanía vasca, española, europea, puede expresarse libremente, por multitud de canales, como el voto, para hacer mostrar su opinión de las cosas. Autodeterminación podría ser perfectamente acabar con 28 años de clientelismo peneuvista.

Es necesario un nuevo contrato social. Hay que redefinir el Estado, actualizarse a los nuevos desafíos de la sociedad, avanzar a la democracia más cercana al ciudadano. Y de una vez por todas, dar una patada a los que zancadillean este camino: el capitalismo, la violencia terrorista y los personalismos.

El nuevo contrato social debe ser de la voluntad mayoritaria, lo más amplia posible, de la ciudadanía, en un pacto histórico. Siguiendo a Rousseau, la voluntad general es soberana, es absoluta, todo lo puede. Los viejos modelos tuvieron su acierto en su momento, pero todo tiene un desarrollo, todo acaba por morirse. La monarquía no tiene ninguna consistencia racional en mantenerse en un país que debe ser democrático desde la copa hasta la raíz, luego ese contrato social debe eliminar esos vestigios del pasado. La igualdad real de todos los ciudadanos debe ser un objetivo a conseguir, el nuevo contrato social tendrá que establecer un Estado democrático garantista, y a la vez animador del desarrollo individual. La solidaridad entre los diversos territorios es una garantía más al desarrollo en conjunto de la sociedad y de esa igualdad mencionada: no son solidarios los territorios, lo deben ser los ciudadanos. Ese contrato social está hecho entre los ciudadanos, como voluntad de convivencia y búsqueda del bien común, no entre diversos territorios. La nación que se configure es la nación política, la voluntad de unos ciudadanos de convivir juntos, no tiene una personalidad propia, ni se basa en diferencias culturas, lingüísticas o históricas. La Revolución francesa nos enseñó que la nación que proyectó Sieyès en ¿Qué es el Tercer Estado? es una nación de integración, que no está anclada a la historia del feudalismo y del absolutismo para configurar un nuevo marco político.

¿Qué pensamos al hablar de la nación? Pienso en una historia, en unas características en las cuales nos reconocemos, en un territorio, sí, pero también que esa nación está integrada por infinidad de personas que cada día luchan por sobrevivir, unos necesitados de mayor esfuerzo que otros, que necesitan de una mano tendida. El mejor patriotismo será todo aquello que contribuya a mejorar el bienestar de los ciudadanos y la riqueza nacional. Esto para España, pero también se puede extrapolar a Europa, y, con el tiempo, al mundo.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Il Cavaliere pincha


Los paros del transporte, las protestas educativas, la crisis económica… y las ocurrencias berlusconianas. Todo ello deriva en que, una vez más, Berlusconi pierde fuelle entre los italianos.

La popularidad de su gobierno cae cuatro puntos, del 54 al 50%, y los que manifiestan tener ninguna confianza en él son el 46%. Por su parte, también su partido, la unión de berlusconianos y posfascistas, el Pueblo de la Libertad, pierde confianza. El Partido Democrático de Veltroni sube en confianza lo mismo que PdL baja: 4 puntos.

Los datos sin embargo no son aún catastróficos para Berlusconi, aún mantiene una confianza alta, pero es sintomático que, en menos de un año de su tercer período de gobierno, de muestras de un desgaste tan evidente.

Por otra parte, y como en alguna reflexión he mostrado, la lógica de la “Segunda República” italiana muestra un profundo cambio político de una legislatura a otra. Yo leo que en 1994, 1996, 2001, 2005 y 2008, los años de elecciones, todos de cambios de mayorías, los italianos han quitado a su gobierno por el incumplimiento de su programa.

Esto refleja una madurez del pueblo italiano, aunque 1994, 2001 y 2008 haya vuelto Berlusconi. Pero cuando Berlusconi y su coalición de derechas incumplieron su programa, recurrieron a métodos en nada éticos para proteger a los corruptos, además de insultar a la mitad de los italianos (llamándolos coglioni, gilipollas), han caído: parte de sus electores, el electorado oscilante, no ha tenido problema en quitarle sus votos. Saben que lo que hay al otro lado no son comunistas que se comen a los niños. Lo mismo cabe para las coaliciones de izquierda: El Olivo, La Unión o el Partido Democrático. Cuando se vieron incapaces, por sus rencillas entre los partidos, entre los extremos comunista y democristiano, han sido apeados del poder. En este caso espero equivocarme al pensar si Berlusconi es algo parecido al diablo, o, al menos, a Bettino Craxi, y sus veleidades presidencialistas.

Como digo, el pueblo italiano es maduro y sabe cómo emplear su voto. No se puede decir lo mismo de los políticos italianos. Queridos lectores, ¿habéis pensado como es la política italiana? Porque a su lado podemos congratularnos de cómo es la española. La política italiana conserva políticos paleolíticos, unos sueldos exorbitados, el mayor ratio de edad de políticos de Europa, y, con ello, el saber que son los mismos políticos del pasado.

Son los políticos de tangentopolis (la ciudad de los sobornos), de la colaboración con la Mafia, del clientelismo, de la obstrucción a la labor de Antonio Di Pietro en Manos Limpias... Cuando en 1992-1994 se removió toda Italia sacando la corrupción imperante no acabó la clase política, acabaron sus partidos antiguos: adiós a la Democracia Cristiana, al Partido Socialista y al Partido Socialdemócrata.

¿Podemos llegar a pensar que el PSI, fundado por trabajadores que luchaban por la democracia y el socialismo en Italia acabaría en manos de Bettino Craxi, el mayor símbolo de la corrupción jamás imaginada? Tangentopolis refiere a Milán, ciudad del PSI por entonces, cuyos “logros” eran los sobornos, abusos de poder, extorsiones y desfalcos. Cuando en España se quiere acusar al PSOE de corrupto en los años noventa, ¡reíros! En el PSOE los corruptos eran los pocos, sin el control del partido… pero es que en Italia el PSI era la corrupción desde la raíz hasta la copa.

Giulio Andreotti, líder de la DC, fue incluso acusado de pertenecer a la Mafia. Casi todos los líderes de las corrientes de la DC y el PSI, y eran bastantes, fueron acusados. Más de mil personas fueron investigadas en 1993. Hoy, Andreotti sigue como senador vitalicio, las personalidades más destacadas han desaparecido, Craxi huyó a Túnez… pero los que estaban por debajo siguen. Y tienen aún los viejos vicios. Ya no sólo en el ámbito del antiguo pentapartito de socialistas, socialdemócratas, democristianos, republicanos y liberales. Ahora, sigue habiendo corrupción, pero ya ningún partido puede considerarse limpio. En esos momentos el PCI, y luego Demócratas de Izquierda, que no había accedido al gobierno desde 1947, era el partido más limpio. Hoy ya ni uno. Pero son más en la derecha, toda la verdad hay que decirla.

…Ese fue el caldo de cultivo sobre el que se alzó Berlusconi. Si decía antes de los viejos corruptos, tampoco es un “nuevo político”. Amigo de Craxi, dueño mediático de Mediaset, manipulador sin complejos de la RAI… entre sus logros de gobierno está el ser promotor de leyes que le garanticen la inmunidad frente a sus juicios pendientes, de una ley electoral llamada porcata (cerdada) por su propio ministro que la pergeñó y el llevar la atención a los inmigrantes como causantes de todos los males de Italia.

Pero los males de Italia son tres: sus políticos, la Mafia y Berlusconi.

jueves, 2 de octubre de 2008

El capitalismo se quiebra: enterrémosle


Marx sostenía que ningún sistema económico puede durar por siempre, que tiene un desarrollo, un auge y una caída. El primer gran sistema económico fue el de las Ciudades Estado del Creciente Fértil, basado en una agricultura dirigida por el Estado burocrático y trabajado por personas libres aunque no propietarias; después, vino el sistema esclavista del Imperio Romano, y con su crisis surgió el feudalismo, las tierras seguían en manos de los terratenientes y de la Iglesia, cultivado por hombres sujetos de por vida a la tierra por las deudas de sus antepasados. Y con su crisis vino el sistema industrial, la libertad de movimiento y de capitales, la potenciación de los sectores económicos no agrícolas (servicios e industria). Y su crisis no es constante, es periódica por su estructura particular. La alternativa a ello fue el modelo de planificación, pero se reveló más imperfecto que el capitalismo, puesto que una burocracia estatal no sabe satisfacer las demandas económicas con una oferta adecuada.

Aunque pareció que el capitalismo había sobrevivido, que bastaba con las reformas admitidas a la socialdemocracia y que este maná económico podía durar para siempre, esto no es así. La economía vuelve a estar en crisis. Además, no podemos quitar la vista de que este mundo está partido en dos: de que hay dos bloques aún, el bloque de países ricos y el bloque de países pobres. Y a su vez los países siguen conservando una separación entre ricos y pobres, en los países más ricos observamos una minoría muy rica frente a una mayoría de clase media y una minoría pobre, y en los países pobres tenemos una ínfima minoría riquísima, una clase media escuálida, inestable o inexistente, y una gran masa depauperada.
¿Cuál sería el ideal? El ideal sería ningún extremo, sería la solidaridad para con la riqueza de todos poder ofrecer una igualdad de oportunidades para desarrollar más riqueza, y que eso no beneficie a una minoría, ni tampoco a una mayoría: que beneficie a todos. La socialdemocracia plantea siempre que el que más tenga más dé. Pero hay que decir por qué, por qué quien más dinero gane más dinero dé, porque si no, a lo mejor, daría a que cualquiera trabajase menos para sortearlo. Es un deber, no un deber patrio, sino un deber para con toda la sociedad. Es una obligación ética hacer todo lo posible para ayudar a nuestra misma especie. El capitalismo es una lucha entre el gato y el ratón.

Hasta hace nada, el gran capitalismo quería eliminar al Estado de la vida económica, quitar regulaciones, quitar trabas, quitar derechos de los trabajadores... ¿libertad total para la economía? No, eso es permitir la dictadura de la economía, de la dominación de esa minoría extremadamente rica, que controla la mayor parte de la generación de la riqueza, sin que la gran mayoría podamos hacer algo.

La derecha había vuelto a enarbolar, desde Thatcher y Reagan, la bandera del liberalismo más puro, más destructivo para el Estado. Es decir, es volver a los postulados anteriores al Estado social de derecho: al Estado liberal, el Estado gendarme. La economía es cosa de los negocios, no del Estado. Al Estado le basta conservar el aparato policial.

Pero, hete aquí que quien antes hablaba de privatizar, de individualismo... pide socializar las pérdidas. Que todos paguemos el fracaso de unos. ¡Vaya, son socialistas! El socialismo de la ruina. No es socializar la economía, es socializar el pago para salir de la crisis. ¿No hablaban de la no intervención? Ese liberalismo era mentira. Tenemos que pagar a unos fracasados sus enormes agujeros, mientras ellos conservan aún todo su patrimonio y renta. El fracaso se debe pagar con irse a la calle. ¿Quién ha creado esto? Los grandes negocios ¿Quién lo paga? Los trabajadores. Los trabajadores no tienen la culpa de que unas empresas sean dirigidas por ineptos. Que se vayan los ineptos, que paguen ellos el desaguisado, y que vengan otros.

En suma, que el capitalismo pague su fracaso, que se vaya, y que venga otro.

domingo, 21 de septiembre de 2008

¿Qué rol se espera del ser humano en el nuevo tejido productivo?


Llegará un momento, en la línea histórica y progresiva de nuestra especie, en el cual la velocidad de desarrollo y actualización de profesionales, la demanda del consumo, las necesidades de expansión de la economía y del propio conocimiento, entendido como fuente de información, será tan abismal que estaremos presenciado una verdadera singularidad del sistema, un verdadero crash.

Irremediablemente, los propios e innatos defectos del sistema llevará a un cisma en el que el juego, tal y como lo conocemos actualmente, perderá todo sentido. Las cartas barajadas al comienzo, lejos de repartirse y convertirse en un balance neto, fiel a las reglas del libre mercado y del régimen internacional "de facto", llevará a una clara descomposición de la sociedad basada en el aumento y diferenciación de clases sociales, incremento sustancial de la pobreza.

A medida que la población mundial crece y se integra en el círculo dorado del consumo y comercio mundial, del mercantilismo puramente legítimo, aunque egoísta, las demandas y explosión de recursos necesarios tenderá a quebrar el planeta.

Para mantener dicha vorágine ya no sólo será necesario un time-to-market cada vez más inmediato o unas previsiones cortoplazistas más prolongadas en los tiempos de análisis.

Muchos coinciden en afirmar que la Revolución Industrial significó no sólo un cambio profundo en nuestra historia económica y social, nuevas interacciones y una nueva visión de la sociedad y el desarrollo humano. Hemos visto en el último siglo numerosos avances y nuevas revoluciones que han cambiado el paradigma de nuestra existencia de un modo absoluto, tanto que hemos olvidado nuestros orígenes o el verdadero sentido de la vida, si alguna vez lo conocimos. Luego vino el transistor, la informática y electrónica, la genética y la biología, y un largo etcétera que se irá sucediendo a lo largo de las próximas décadas, avances espectaculares en neurología, ciencias de la salud, nanotecnología... un proceso basado en los pilares de reducción, aceleración, bajo costo... un ciclo cada vez más corto.

¿Qué rol se espera del ser humano en el nuevo tejido productivo? Parece que nos dirigimos hacia un perfecto organigrama controlado por máquinas pensantes, estresante locomotora de productividad y crecimiento infinito.
Me resulta especialmente gracioso que se base el desarrollo de las sociedades en cuestiones tan suscintas como el PIB, or the GDP. Los fanáticos de las finanzas estatales y economistas irresponsables basan sus argumentos en cuestiones tan simples como un porcentaje que no suele reflejar ni los precios, IPC, o el índice de pobreza o el margen salarial del nivel más bajo de la sociedad. ¿Deberíamos construir una sociedad de mínimos o de máximos? ¿Debemos contentarnos con la no tan virtuosa y justa "media"?

Si existen modelos matemáticos de comprobado rigor y de mayor eficiencia de ajuste a los parámetros reales de vida, ¿por qué seguimos aplicando unas variables tan efímeras como cínicas que no nos aportan ninguna información útil?.



domingo, 7 de septiembre de 2008

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Incitaís en esta nueva entrega mensual a entablar un debate acerca de la crisis económica. En primer lugar no me veo en el papel de experto que detalla las causas y consecuencias de esta eventualidad a la que muchos llaman crisis.

Perdonad que dude de vuestras esferas de conocimiento económico, pero me atrae especialmente el pensamiento de que una plataforma de Pensamiento Juvenil y Progresista se vea en la tesitura de seguir la pauta que los medios intentan trasladar. Creo alarmante que un joven, futuro continuador de políticas socialistas, caiga en la idea de la prudencia y conservadurismo de considerar crisis a la situación actual y que no hablara de crisis hace unos meses ,cuando ya 7 millones de españoles se situaban por debajo del umbral de la pobreza.

Me parece insensato que un medio de este calibre no vea en el sistema actual un continuo síntoma de crisis, un sistema donde el dinero sólo cambia de manos pero que no llega a distribuirse de tal forma que genere los recursos para poder llevar la riqueza a todas las familias.

Crisis es cuando la juventud se abandona en la desidia de no alcanzar una buena educación, cuando la cultura del pueblo se resiente año tras año, cuando la humanidad de cada persona desaperece en post de un egoísmo especulador e interesado.

Sea como fuere, la economía no se reduce a un territorio. Hace ya muchos años que los señores del capital entendieron que su fortaleza se hallaba fuera de las fronteras y que, precisamente, los territorios era su principal debilidad. Dado que las economías nacionales se ven afectadas por externalidades y alianzas, en ocasiones mucho más allá de la propia esfera de civilización a la que pertenece, no cabe duda de que cada vez más emerge la necesidad de un nuevo poder, con sus ventajas e inconvenientes.

En este mundo global donde el factor inflacionista viene impuesto desde el exterior, donde el comercio interno deja de ser motor económico y donde el Estado o Banco Central queda desdibujado de cara a aplicar políticas monetarias, la labor para aplacar esta problemática debe ser desplazada a los "órganos internacionales de decisión".

El mercado no es un proceso novedoso ni el capitalismo un monstruo abominable, si una más de las evoluciones del ser humano en sociedad. Siempre, absolutamente siempre, el hombre necesitó para su subsistencia de productos y servicios. Unos necesitaban y otros ofrecían. Así crecimos y nos desarrollamos.

¿Qué ocurre cuando esta simple interacción no abarca a toda la población mundial?

Esa es la fuente de reflexión y motivo de crisis.



martes, 26 de agosto de 2008

La izquierda europea

El discurrir histórico de la izquierda europea ha sido diverso tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los partidos socialdemócratas adquirieron nuevo vigor y vieron la victoria de sus planteamientos económicos del Estado intervencionista; el Estado del Bienestar se empezaba a construir. Por su parte, los partidos a la izquierda de la izquierda, los comunistas, veían recompensado su lucha antifascista con grandes apoyos electorales en Francia, Italia y el Este, hasta llegar incluso a ser en aquellos momentos el primer partido nacional.

Suecia ya conocía gobiernos socialdemócratas desde los años 30, siendo el primer modelo de construcción del Estado del Bienestar y referente de la izquierda no comunista como alternativa a los Soviets. La historia política nórdica ha dado un gran predominio del partido socialdemócrata en Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca. La Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO) vio un proceso de unión de fuerzas hasta crear el Partido Socialista de Mitterrand y ganar las elecciones en 1981. El Partido Laborista británico ganó las primeras elecciones tras el conflicto bélico y se caracterizó, hasta Tony Blair y sus tres victorias consecutivas, en gobiernos cortos, no más allá de una legislatura, y una política clásica a veces no muy adaptado a lo que Reino Unido necesitaba. Tanto se degradó que el último hachazo lo dio Thatcher desmantelando el sistema del bienestar bajo la bandera del neoliberalismo. El SPD alemán, el gran partido modelo de la socialdemocracia, hubo de renunciar a lo poco de marxismo que le quedaba en su discurso en 1959 para pasar al gobierno de la mano de democristianos, y luego en compañía de los liberales y los verdes. El Partido Socialista Italiano vivió a la sombra entre el poderoso Partido Comunista, y la Democracia Cristiana, llegando al gobierno con éstos en el llamado pentapartito para privar del acceso al poder de los comunistas.

En España no tuvimos oportunidad de decidir libremente hasta la muerte del dictador, y se reveló que el PCE, muy fuerte en la oposición al franquismo, no tenía nada que hacer frente al PSOE. Si en este caso pudiéramos hacer un análisis de la situación, tendríamos que ver los apoyos socialistas en la II República y los actuales. En la República, los apoyos le venían de las regiones y centros urbanos industriales (Madrid, Asturias, País Vasco, País Valenciano y los jornaleros andaluces no anarquistas). Esos apoyos le valían entre 2 y 4 millones de votos. En la nueva etapa democrática, el PSOE tiene, más los apoyos entre los trabajadores urbanos y rurales, los de la nueva clase media creada bajo el régimen dictatorial. Podría decirse que tiene los apoyos electorales clásicos, los trabajadores, más los que recogería un partido liberal progresista si existiera. Así es el resto de partidos socialdemócratas: su gran éxito fue la integración de clases para dar con partidos de izquierda, moderados, pero muy reformistas.

La caída de este modelo viene pareja a la crisis del sistema económico, los años 70 y 80. No fueron su inmediato declive, pero si los inicios, para mostrarse en toda su manifestación desde los 90. Porque la manifestación del declive fue la renovación misma en la derecha. La derecha había acabado por aceptar la intervención estatal en la economía y el Estado del Bienestar para dar nacimiento a una derecha, proclamada liberal, pero que nada tiene que ver con el antiguo liberalismo: inhibición total en la economía, privatización sistemática de todo lo público, rebajas impositivas a sus electores, esto es, las clases más ricas, y un profundo conservadurismo social en un nacionalismo étnico extremo, discriminación de las minorías y la ideología clasista más rancia. Todo empezó con Ronald Reagan en Estados Unidos, pero el mayor paradigma de esta nueva, y ahora vieja, derecha, es Margaret Thatcher. Una cosa que todos tenemos que aceptar, una cosa hicieron bien: los tuvieron bien puestos para atreverse a imponer sus programas. Otra cosa es que no compartimos sus postulados. Pero la izquierda no supo evitarlo, porque no supo actuar previamente. Y ahí comenzó la caída.

El hecho más dramático es la propia caída del socialismo italiano, cómplice de la Democracia Cristiana en los múltiples escándalos de corrupción sacados a la luz por Di Pietro en Manos Limpias. Se quedó al 1% como castigo y se inició la diáspora socialista en pequeños partidos. Curiosamente era el Partido Comunista, convertido en Democrático de Izquierda, quien ocuparía su lugar. Ni la unión socialista hace poco tiempo ha servido para volver a dar energía a algo en lo que los italianos no muestran confianza. Es un hecho curioso que un partido comunista renuncie a sus principios, acepte de nuevo la socialdemocracia y sea capaz de seguir siendo uno de los dos grandes partidos italianos, añadiendo ser capaz de unirse a democristianos progresistas y dejando fuera del parlamento a sus escisiones del comunismo ortodoxo. Visto que actualmente los partidos de la izquierda comunista en Italia, España y Francia estén en un apoyo electoral ridículo, creo que sería muy positivo que siguieran el mismo camino, porque eso sí sería de ayuda para una izquierda unida muy fuerte ante la derecha.

Y en Alemania la cosa cambia, la unión de los socialdemócratas descontentos con Schroeder y los antiguos comunistas del Este sí ha dado un partido de izquierda bastante considerable hasta en el Oeste. Ahí está la debilidad de la izquierda, pero, ¿por qué se divide? Por abandonar parte de sus postulados y bases clásicas. Ahí está toda la lista de Ciudadanos, UPyD, Die Linke… y la extrema derecha.

¿Hay acaso un modelo unificado? No, la Internacional Socialista se ha desvirtuado y vaciado para ser un foro de partidos totalmente independientes, que aplica su política independiente frente a los problemas existentes. Incluso medidas opuestas, como que el Labour Party apoye la reforma de las 65 horas y otros partidos europeos la rechacen, o cada uno mire a un nacionalismo propio en materia energética, o acepten la idea de la derecha de que la inmigración es negativa. Sin olvidar que se ha aceptado la existencia de la gestión privada de lo público. Es una política de parches a un sistema económico que demuestra una vez más sus crisis periódicas y ante la cual la izquierda no sabe proteger a su base, a las clases humildes.

La lógica de un partido de masas impone una estructuración en jerarquía, el crecimiento genera una burocracia inmensa, destinar unos grandes recursos al mantenimiento, y control, del propio partido, que ha derivado más en proteger a la cúpula dirigente de las bases, y a usar éstas en la manipulación y fraccionamiento de corrientes personalistas bajo una excusa ideológica. Todo se reduce a votos, números: clientelismo. Si pudiéramos coger una frase del argot comunista, la "decadente sociedad burguesa", en este caso los partidos de izquierda han heredado, y de ello no se excluyen ni los comunistas, algo "decadente burgués", el antiguo clientelismo, la vinculación personal y no ideológica. Al observar la historia, toda construcción es perfecta en su inicio, el tiempo lo degrada. El viejo imperio romano de Augusto, el imperio carolingio, la unión soviética… eran máquinas perfectas en manos de su creador, ellos sabían qué había que hacer y con quién debían contar. Pero pasados una generación esto no es así, y el mérito y la fortaleza se sustituyen irreversiblemente por el favor y la debilidad. Ése es un grave problema de los partidos socialistas, en un momento de crisis ideológica no son las ideas lo que sostienen al partido, y no es de extrañar las luchas personales (Blair-Brown en Gran Bretaña, el fraccionalismo italiano, Royal y los "elefantes" del socialismo francés…)… es, al final, la derrota del proyecto.

Creo sinceramente que la victoria de la izquierda pasa por el discurso fuerte, pero basado en la realidad, por eso no hay que tener miedo al abrir una reflexión. Y, sobre todo, la izquierda siempre ha sido la rebeldía contra el inmovilismo, otrora burgués, ahora de viejas jerarquías. Es en el mérito y en la eclosión de ideas donde está la solución a esta ecuación que es la victoria y futuro de la izquierda. Un liderazgo fuerte, basado en un proyecto más que en la persona que lo represente, porque al final esa persona que esté delante solo es la punta de un iceberg de personas e ideas.

viernes, 30 de mayo de 2008

Pasado, presente y futuro de la UE. Una construcción inconclusa

Hace poco el consejo Europeo celebró el 50 aniversario del Tratado de Roma.

Se contemplaron desde esta efeméride los logros y objetivos alcanzados por la Unión en este medio siglo.

Estos 50 años han estado caracterizados por el éxito, la consolidación del concepto de Europa y el progreso económico vivido desde entonces por los Estados miembros.

Para España, que entró junto a Portugal en 1987, el balance es altamente positivo.

Sin embargo aún queda mucho por hacer en esta Unión Europea, desde el punto de vista político y social. La gran cuestión que encontramos hoy al hablar de Europa es como conseguir la voluntad común necesaria para que esta Unión de Estados (que comienza a ser política), de el paso último hacia la consolidación de una Democracia política a nivel supranacional. Esta gran democracia europea no puede desligarse de la propuesta progresista: la Europa ciudadana y social.

Hagamos un poco de historia para saber de dónde venimos, donde estamos y reflexionemos hacia donde deberíamos caminar ahora, en esta primera década del Siglo XXI.

Los primeros pasos hacia la unión y la disolución de fronteras se dieron en el marco de la Guerra Fría, que enfrentó a las dos potencias mundiales (pacto de Varsovia y pacto del Atlántico Norte) y del Plan Marshal que contribuyó a la reconstrucción económica del continente.

Los primeros pasos encaminados hacia la creación del mercado común europeo, consiguieron un acuerdo sobre el sector del acero (CECA), firmado por unos pocos países pero que a la postre sería el germen de la consecución del Mercado Común con la firma en 1957 del Tratado de Roma, considerada la cita fundacional de la Comunidad Económica Europea.

Así se inicia la primera etapa de la construcción europea, que como vemos, tuvo connotaciones económicas y comerciales, pero sin una vertebración desde el punto de vista político. Es por ello que los líderes socialistas y socialdemócratas del momento vieron con cierto recelo aquello que consideraban “la Europa de los mercaderes”, en sentido peyorativo.

Esa primera etapa de recuperación económica sentó determinantemente las bases del sistema de economía capitalista en las sociedades occidentales del continente. Un sistema que estaba basado en el Estado del Bienestar y el Keynesianismo.

Estos años de bonanza y progreso económico dieron lugar a los llamados “treinta años gloriosos” (transcurridos entre el final de la guerra y la crisis mundial del petróleo) que trajeron consigo un espectacular desarrollo de las sociedades europeas en un contexto en el que se llevaban a cabo las descolonizaciones, se instauraba el Estado del Bienestar como una alternativa al fascismo y el comunismo y se comenzaba a hablar de política, derechos y valores a nivel europeo.

Sin embargo, continuaba sin existir un nexo entre el desarrollo económico y el establecimiento de un marco político definido.

La segunda etapa de la Unión Europea se inicia con el año que cambió el mundo: 1989 (la caída del muro de Berlín, la unificación de Alemania, el fin de la guerra fría, el planteamiento de las relaciones internacionales desde un punto de vista más unifocal , la victoria definitiva del parlamentarismo occidental y la desaparición del comunismo como modelo político…)

En este contexto, la Comunidad dio un salto cualitativo, un salto hacia la Unión, un acelerón para integrar en la agenda la dimensión política.

La Unión europea sería a partir de entonces, “una unión política, económica y monetaria”. Se comenzó a hablar de ciudadanía europea, de cohesión, de poner en marcha los motores de una Política exterior, de seguridad y de Justicia comunes, y se comenzaron a llevar a cabo ampliaciones del mapa europeo: Suecia, Austria y Finlandia, los países de la Europa Central más las repúblicas bálticas, y los mediterráneos Malta y Chipre. Ahora estamos en la negociación de la inclusión del primero de los países balcánicos: Croacia, lo que significaría todo un hito no menos relevante que la posible inclusión de un país como Turquía.

Ahora nos encontramos inmersos en esta segunda fase de consolidación política, para avanzar en este cauce, en mi opinión, Europa debe adaptarse a la nueva realidad continental y mundial. La globalización, las migraciones, el cambio climático, el aumento del comercio mundial, el florecimiento de futuras superpotencias como India, China oBrasil, el progreso tecnológico, el envejecimiento de la población, el reto de la integración y tantos otros, han cambiado el panorama de la Unión Europea.

Los progresistas europeos tenemos que buscar respuestas a todos estos retos, para convertirlos en oportunidades, tal y como nos aconseja el experto Anthony Giddens.

Ahora que los Mercaderes quieren limitar el papel social y político de Europa, para reducirla a un mercado sin aduanas, sin límites (y sin pudor), ahora que Europa está mostrando su peor cara respecto a la inmigración (caso de Italia) y ahora que se dejan a un lado los valores democráticos que inspiraron la Unión en favor de la demagogia y el creciente extremismo, los progresistas europeos tenemos que dar una respuesta clara primero, a estas actitudes, y segundo a todos esos grandes retos que se nos presentan.

Tenemos que:

-Proporcionar seguridad económica a los ciudadanos reformando y ampliando el Estado del Bienestar, ese que nos protege como ciudadanos “desde la cuna a la tumba”. Tenemos que mejorar las condiciones laborales y ampliar los derechos de los trabajadores mediante la promoción del diálogo social. Defender los derechos de los trabajadores, pero también de los consumidores: calidad en los servicios públicos, acceso universal a la educación y a la sanidad…

-Luchar contra la desigualdad y la pobreza planteando un “salario mínimo europeo”, promoviendo la solidaridad, la cohesión y la inclusión de los ciudadanos (comunitarios o no)

-Intentar que la globalización económica no haga mella en nuestro sistema público, en nuestro bienestar, en nuestro medio ambiente. Tenemos que plantear un nuevo modelo de desarrollo económico más competitivo basado en la economía social de mercado (como ya propuso el compañero Bitdrain)

-Culminar esta segunda etapa de consolidación europea con un mayor compromiso político en los valores federalistas.

-Hacer de Europa un referente de paz y un mediador válido para los conflictos internacionales.

Con esta entrada he presentado de forma resumida de dónde venimos, donde estamos y en mi opinión, hacia donde deberíamos caminar ahora los progresistas europeos para dar respuesta a los nuevos y apasionantes retos que se están dando ya en nuestro entorno más próximo.

Por Alberto Ginel Saúl

domingo, 25 de mayo de 2008

El trabajador invisible



El trabajador del Siglo veintiuno con respecto al de principios del veinte se ha transformado de forma considerable, los trabajadores de principios de Siglo vivían desamparados, sin ninguna garantía por parte del Estado, sólo podían formar parte del proceso productivo, imprimiendo su fuerza de trabajo en las manufacturas y recibiendo en contraprestación un salario nada adecuado para su esfuerzo, y por tanto no consumiendo lo conveniente, esto sucedía a la par del establecimiento de un situación antagónica de clase y la configuración de un Estado eminentemente burgués supeditado a los edictos del gran capital adicionado con la percepción de que la producción era la variable que decidía los otros sectores económicos(Consumo, Oferta), el capitalismo de esta época ejercía un empobrecimiento del poder adquisitivo en el proletariado aumentando su incertidumbre sobre su destino, este sistema era injusto en grado sumo ya que los trabajadores improductivos (especuladores..) obtenían grandes beneficios gracias a los trabajadores productivos que adquirían la mínima parte de ese beneficio.

Conforme iba transcurriendo el Siglo los cambios iban mitigando esa situación de continua precariedad, así, el modelo Keynesiano introdujo una batería de reformas cómo la agudización del gasto público, la regulación de la Economía por parte del Estado, y una concepción sobre el funcionamiento de la Economía basado en el consumo como variable condicionante de la misma, supliendo a la producción que ejercía ese papel anteriormente, esto provocó que crecieran los salarios para que la gente consumiera y al existir mayor consumo la patronal tuvo un aliciente para producir en mayor medida y por tanto reducir el paro, simultáneamente se constituían Instituciones Públicas que ofrecían servicios a la Sociedad (Sanidad, Educación..) y medidas fiscales que hicieron revertir los beneficios entre los empleados; aunque la tesitura era diferente de la del principios del Siglo, todavía quedaban matices que suponían una diferencia entre estratos sociales.

Con la llegada de los neo liberales una nueva concepción de la Economía se impuso,el divorcio entre el Estado y la Economía y el “dejar hacer, dejar pasar” que promovió Adam Smith se materializaron en la economía inglesa(arquetipo de la eficiencia pública) y en otros países occidentales, la efectividad inglesa en sus servicios públicos disminuyó conforme disminuían los impuestos directos (basados en la equidad), además de la animadversión manifestada por Margaret Tatcher a los Sindicatos y su reivindicación, este modelo basado en la des regulación por parte del Estado limitándolo a un mero arbitro de la Economía y la flexibilidad otorgada a las empresas para poder despedir a su libre albedrío permitió disminuir las garantías laborales y la certidumbre sobre su prosperidad, generando riqueza pero distribuida de una forma poco paritaria.

Actualmente vivimos en un keynesianismo edulcorado por el neo liberalismo, por eso pienso que debemos aplicar los caracteres del Keynesianismo que pueden funcionar en la actualidad (Cobertura pública eficiente, leve coordinación estatal de la economía) y renovar aquellos que se han quedado anticuados cómo las empresas estatales no competitivas haciéndolas más productivas, en definitiva compaginar el desarrollo de la producción con desarrollo social.

La polarización de clases y su supuesta panacea (Comunismo) son dos anacronismos ya que el principio de pauperización que aducía Marx es falaz, la separación entre Economía y Estado es una realidad y el control de la burguesía es menos notorio que en 1848 , ahora sería más apropiado hablar de pos capitalismo, una sociedad en la cual existen estratos trabajadores de cuello blanco (los que trabajan en oficinas), y de cuello azul (emplean su fuerza física ..) pero que al fin y al cabo conglomeran el sector de asalariados, pero esta sociedad pos capitalista no es idílica, persisten diferencias, incluso en el color del “mono” de trabajo cómo ocurre en la Petroquímica de Repsol en Puertollano, un color que hace invisibles a los ojos de muchos a los trabajadores de las contratas.

viernes, 2 de mayo de 2008

2 de Mayo, ¿fue tal y como nos lo han contado?

En plena apoteosis nacionalista, y con los fastos conmemorativos siendo retransmitidos por Telemadrid en riguroso directo, parece un mal día para salir del armario, para poner sobre la mesa las mentiras de 1808 y para reivindicar la memoria y la estirpe de esos afrancesados ridiculizados y satanizados por la prensa y la caspa del momento, y olvidados por esos mismos, hoy en día.

Hoy se conmemora, según la corriente oficialista: el más bello levantamiento popular de la Historia de nuestro país.
Un movimiento voluntarista y visceral iniciado por los más humildes, por los hombres y mujeres vecinos de Madrid que, movidos por el patriotismo, el ansia de libertad, por la voluntad de convivir en una nación solidaria y unida y de recobrar la soberanía nacional, se enfrentaron a la mayor maquinaria de guerra de la tierra. Tonterías.
Ojalá hubiera sido esto tal y como nos lo cuenta (compungida) la liberal más conservadora de todos los que se pueden hallar en esta, nuestra querida piel de toro.

La familia real huyó de España tras haber vendido la corona al emergente y fulgurante emperador francés Napoleón Bonaparte, a cambio de que este les garantizara un lujoso y tranquilo retiro en el país vecino.
Hubo españoles, principalmente militares afectos a la corona, que supusieron que la traición de la familia real era en realidad un gesto desprendido para evitar un derramamiento de sangre en España. Algo inevitable y doloroso para una familia real que escapó por la puerta de atrás.
El ideario que movió a la sublevación popular del analfabeto e iletrado pueblo de Madrid, partió de la defensa de la religión, de la tradición, de la sociedad estamental y de la monarquía; en ningún caso de la defensa de una libertad o de una soberanía nacional de las que jamás había disfrutado nuestro país bajo el pie Borbón.
El bajo clero proporcionó un discurso ideológico capaz de manipular al pueblo, arrojandolo (una vez más) a las calles y a la muerte. Esta vez contra la impiedad, el ateismo y el libertinaje francés. La Iglesia, los propietarios de tierras, los poderosos... fueron el verdadero motor del levantamiento en Madrid.
No el patriotismo, no la libertad, no la creación de un país nuevo, regido por la soberanía nacional y no por el absolutismo. Ojalá todo hubiera sido como decía hoy doña Espe. España habría sido otra cosa en el siglo XIX, y posiblemente hoy, nuestra Nación tendría una cara distinta.

Jose I (abstemio y sin embargo considerado borracho por el imaginario popular) solo recibió el apoyo de un pequeño grupo de ilustrados: "los afrancesados", que confiaban en que solo bajo el poder francés se podrían completar las reformas y la necesaria modernización de España.
Estos afrancesados, la flor y nata de la intelectualidad, fueron objeto de persecución, represión y exilio a la vuelta de Fernando VII (el rey de las tres F: el feo, el felón y el fofo). También se olvida que este José I, fue el primero que dio a España un Estatuto jurídico en el cual se podía leer la palabra "Libertad".

Fernando VII, el rey más incompetente, imbécil y negado de cuantos ha conocido nuestro país, fue el gran beneficiado de la sangre derramada por sus súbditos, por esa plebe desorientada espoleada desde las sombras.
A su llegada a España, que ya contaba con más de medio millón de nuevos muertos, derogó la Constitución de 1812, iniciándose el sexenio absolutista, prolongado por la década ominosa, (con tan solo un paréntesis liberal de tres años). Ominoso es sinónimo de vergüenza, de rubor, de oprobio.

El oprobio que seguimos sintiendo muchos españoles, cuando se nos intenta manipular de tan burdo modo.
El 2 de mayo no es una fecha para celebrar, para agitar las banderitas de papel proporcionadas por el nuevo y aberrante "nacionalismo" madrileño.
Es una fecha para llorar. Para volver a maldecir el devenir de una Historia injusta, casi siempre timoneada por los mismos.
Para imaginar como habría sido una España progresista, laica, avanzada e Ilustrada, de haber sido esa, una revolución realmente liberal, realmente patriótica. O si la Nación también se hubiera revuelto contra los cien mil hijos de San Luis (la fuerza del absolutismo europeo), pero claro, esos no eran enemigos de nuestros reyes.

Una fecha para reivindicar, y que no me llamen mal patriota los de las banderitas, la figura de los afrancesados.
Los verdaderos liberales ilustrados y también los verdaderos patriotas. Porque, ¿hay algo más patriota que poner en manos de la Nación (y no de la arbitrariedad personalista) los destinos de sus propias vidas, como ciudadanos y no como súbditos?

11 de septiembre de 1714, 2 de mayo de 1808... fechas que sirven, en definitiva, para dar pábulo (y alpiste) a muchos individuos, aún hoy tantos años después. Manipulaciones históricas en favor de los de siempre, en contra de los de siempre: de los que pierden, de los que mueren por nada, de los que fueron engañados por los primeros.
Siempre, siempre, siempre es igual, pero por favor, que no nos intenten manipular (otra vez) de esta forma.