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martes, 15 de julio de 2008

"La Historia de la Humanidad, es la Historia de las migraciones"



Creo que este es un lema que refleja con fidelidad el comportamiento humano, la gente del mundo emigra para mejorar su calidad de vida y la de su familia , el mundo se mueve en constante dinamismo, los que ayer emigraron a Alemania... hoy pueden acoger a otras personas que como ellos tuvieron que irse de su zona natal, no parece tan lejano cuando España era un país exportador de ilusiones y aspiraciones de un futuro mejor, no es tan rocambolesco que hace apenas 30 años España tenía 2 millones de oriundos trabajando fuera, estoy seguro que algún tío, abuelo o incluso padre ha tenido que emigrar a zonas más desarrolladas, en estos treinta años de democracia hemos vivido un cambio sustantivo en el bienestar de la población española, y por tanto hemos configurado una concepción sedentaria de la vida.

Yo como muchos otros de la Plataforma me considero un ciudadano del mundo, creo que es la mejor disposición para solucionar los problemas que atribulan al mundo, hoy más que nunca se necesitan soluciones globales a problemas globales.

Los Gobiernos actúan de forma banderiza según la situación, los que ayer hacían una política a favor de la integración, hoy pueden incitar la segregación, todo varía según los derroteros que tome la Economía.

Al acabar la II Guerrra Mundial muchos culparon a la inflación del advenimiento del nazismo, en Italia un post-fascismo monopolizador invade todas las Instituciones dejando inútil las garantías que impiden que a muchos romani como el padre de Rebbeca Covaciu sean vejados por la policía, en situaciones peliagudas brota una xenofobia totalmente falaz, hagamos todo lo posible para que en coyunturas económicas delicadas no azucemos el odio al diferente.

Mucha gente despotrica del diferente, empero no ha gastado ni un ápice de su tiempo en tratar de comprender porqué vienen aquí, esta gente actúa de forma muy estólida, además resulta algo incomprensible que se culpe a todo un colectivo de altercados provocados por uno o dos individuos que pertenecen a esa comunidad.

Estoy convencido que si todos ampliamos nuestras miras y superamos la cerrazón que implican frases fáciles basadas en ideas estereotipadas podremos percibir que no somos tan diferentes.

La inmigración es utilizada de forma inicua para eclipsar los verdaderos problemas que padecen muchos asalariados de este país, esto no aporta nada para el buen funcionamiento de la Sociedad, además requerimos de mano de obra extranjera para poder mantener el nivel de vida actual y con más profusión en el futuro (con el pago de pensiones...).



Para propiciar un marco de bienestar, diversidad y tolerancia necesitamos voluntad de todas las partes, Institucionalmente, para que el inmigrante aprenda un mínimo del idioma, Instituciones y leyes que rigen este país, trabajando con los países en vías de desarrollo o subdesarrollo para contener los flujos migratorios, según mi opinión la mejor forma es condonar la deuda externa, propiciando una Industrialización responsable en la zona que produzca beneficios en la zona, ceder el 0,7% y garantizar que el fin es cumplido creando comisiones . Todos estos proyectos no serían eficaces sin el ademán de la iniciativa privada.

En el plano interno debemos constituir un modelo secular basado en el sistema multicultural de integración, esto implica la "unión en la diversidad" es decir, las Instituciones Públicas no escoran una identidad específica, si no que se mantienen neutral en ese ámbito, no creando un sistema alternativo opuesto radicalmente a la religión, y respetando las manifestaciones religiosas de particulares.
Alberto y Bitdrain han escrito otros artículos más detallados sobre la inmigración que se encuentran más abajo.

Saludos

sábado, 12 de julio de 2008

África como cárcel


Durante los últimos días hemos hablado aquí sobre la inmigración.
Al mismo tiempo, llegaban a nuestras costas nuevas remesas de expectativas quebradas. El insoportable drama de la inmigración clandestina nos dejaba muestras de su dureza más absoluta con la muerte de esa decena de bebés en el último cayuco dirección Canarias.

Esta es una cuestión demasiado caliente y lacerante como para analizarla desde la frialdad que sí permiten otros temas.
Hablar de inmigración clandestina es antes que nada, hablar de desigualdad.
De países empobrecidos, asfixiados y profundamente deprimidos. Países agotados bajo la explotación de un tirano o bajo unas condiciones de guerra, analfabetismo, enfermedad endémica y conflicto que no pueden más que dejar marchar a sus cerebros y sus brazos nacionales en busca de una vida cuanto menos digna.

Es hablar de mafias. De intermediarios que, aprovechándose de esta tesitura organizan desesperados viajes hacia la incertidumbre cuyo precio asciende a los ahorros de toda una vida. Es hablar del país receptor, del país extraño y pretendidamente próspero que bien o mal ha de acoger a estas personas.

Entra entonces en juego la Integración, que es el ejercicio primordial a realizar por el país receptor. Pero el otro pilar (como las míticas columnas de Hércules) se encuentra al otro lado del estrecho: la Cooperación al desarrollo.

Los países emisores son, como se ha dicho (y como todos sabemos) países que en el mejor de los casos se encuentran en "vías de desarrollo", pero que en cualquier caso, siguen, tantos siglos después, practicando una agricultura de subsistencia que no permite levantar el vuelo a la economía nacional.
El siguiente problema que asfixia estos países tiene una raíz política: los gobiernos del África sub-sahariana se entregan en cuerpo y alma al oscurantismo de las multinacionales que exprimen con el beneplácito de los gobernantes corruptos, los recursos naturales de uno de los continentes más ricos en materias primas.

De estas dos dramáticas realidades surgen dos soluciones radicales, dirigidas a desarraigar el problema en su origen.
La cooperación y la ayuda al desarrollo que, con proyectos concretos, rompa de una vez el círculo de pobreza y subdesarrollo y favorezca la generación de capacidades y potencialidades que aceleren la revolución industrial pendiente desde hace siglos en ese territorio.

Muchos países "del primer mundo" tienen un compromiso incompleto, parcial y a veces fingido con el Africa subsahariana, y así lo demuestran mediante la aportación anual de un porcentaje de su PIB (España se acerca al 0,7% sugerido por la ONU).
¿Pero dónde va esa ayuda, cuando debe gestionarla un gobierno títere de intereses creados, cuando debe distribuirla un cacique al que no le importan sus ciudadanos ni su nivel de vida?. Como la gran mayoría de los problemas, este tiene también, en parte, una resolución política. Hace falta que los países desarrollados (se entiende que también lo son en cuanto a Derechos Humanos, Democracia y libertades), se comprometan a llevar a cabo una definitiva y efectiva descolonización de África, que haga de estos países verdaderas naciones y no deplorables regiones-despensa dirigidas por un tiránico capataz y mangoneadas desde fuera (desde EEUU y la UE) para mantener nuestro tren de vida que se demuestra cada vez más y más insostenible y próximo al descarrilamiento.

De nuevo reclamamos desde aquí un cambio titánico... Una inversión de las mentes, una humanización de la vida política, unas nuevas reglas del juego, una justicia radical que casi nunca es atentida desde las altas esferas.
Ojalá quien gobierne el mundo mañana tenga más corazón. ¿O mañana será ya demasiado tarde para uno de cada dos pobladores del mundo? esos que viven y mueren por debajo del umbral de la pobreza.

Reflexión de Alberto Ginel Saúl

miércoles, 9 de julio de 2008

Dimes y diretes sobre Inmigración

Una de las cuestiones que más interés y polémica suscita en estos tiempos es aquella relacionada con los flujos migratorios, emigración e inmigración. Intentaremos dar cabida en este espacio a una pequeña reflexión personal.

Antes de comenzar me gustaría dejar claro la consistencia y fuerza que para mí supone partir de la premisa de que la materia bajo análisis es una persona o un colectivo de ellas. Es decir, rechazo totalmente las expresiones "sin papeles" o "ilegales". Una persona es un ser que vive, sufre, siente, padece... es decir, padecen los mismas avatares diarios que nosotros, sin importar su color de piel, cultura o procedencia.

Otro punto a dejar claro es que la inmigración, masiva o no, no es un evento novedoso y forma parte misma de la Historia de la Humanidad. Quien no recuerda el "éxodo", miles de pueblos perseguidos, desplazamientos de mano de obra desde economías pobres a sociedades desarrolladas, incluso como política interna de algunas dictaduras (rusia y china, las más recientes).

En la actualidad se dan dos flujos migratorios a considerar. Uno es aquel desplazamiento desde países de extrema pobreza (altas tasas de desempleo y hambre) hacia países cercanos, donde sus sociedades parecen el paraíso de la modernidad (ejemplo de ello es el caso de la emigración desde países subsaharianos hacia España). En segundo término, se podría considerar una emigración cuya intención es la de mejorar su situación de precariedad en el país de origen, cuyas economías se encuentran a mitad de camino entre la sociedad del bienestar y la pobreza. No obstante, la esencia es siempre la misma, búsqueda de progreso y prosperidad, alcanzar un futuro mejor.

A nadie ha de extranar pues la existencia de estos flujos, su huida masiva hacia el continente europeo. Nadie niega de las ventajas y aspectos positivos que dicha inmigración aporta al sistema europeo de bienestar social. Nuestros estructura social y nuestro desarrollo depende de esa mano de obra, de iniciativas que vengan para aportar valor añadido a una sociedad cada vez más marchita y ombliguista, para hacer esos trabajos que nuestra gente se niega a hacer.


Dentro de los movimientos migratorios podríamos hacer distinción entre personas altamente especializadas, que aportan cierto valor añadido, y las personas que aportan la mano de obra, no especializada, necesaria en fábricas, construcción, limpieza... trabajos que normalmente los nativos no desean llevar a cabo por considerarse desprestigiados o poco remunerados.

Sin embargo, ese movimiento trae añadido un cambio de mentalidad que hace que nuestras sociedades se vean obligadas a una apertura, a reconocer el ambiguo paradigma de una socidedad multiétnica, un nuevo entorno social basado en la diversidad y pluralidad de religiones, culturas, idiomas y diferentes modos de entender la vida. En ocasiones, nos podemos encontrar con posturas antagónicas. Inclusive, hay quien asevera de que esta diversidad engrandece la riqueza cultural de los pueblos.

Cabe destacar, que este fenómeno también despierta gran recelo y confusión entre una parte importante de la población, personas temerosas de que aumente la criminalidad, de que muchos empleos se encuentren en manos de "los de afuera", porque pueden venir a "quitar el pan de cada día a nuestros hijos", o los que simplemente se manifiestan senófobos o contrarios a lo que ellos entienden por una invasión pacífica y dañina de nuestras tradiciones, a manos de personas que proceden de mundos antagónicos al nuestro, personas que no se integran en el sistema sino queser marginan en sus antiguos hábitos.

No es tarea sencilla la que nos urge dar respuesta, mas cuando ambas posiciones gozan de cierta realidad social, dejando al margen a aquellos que sólo desean la exclusión en base a razonamientos racistas.

Parte o bastante responsabilidad reside en las esfera política, quien haciendo un uso irresponsable de sus deberes llevan este tipo de cuestiones a entelequias y demagogias electoralistas.

El consenso es claro en torno al hecho de que nuestra sociedad necesita beneficiarse del trabajo extranjero, que ello es un aditivo más que necesario para nuestros sistemas públicos, mas cuando nuestra población envejece. Queda claro que existe una inmigración que enriquece nuestras sociedades y nuestra economía. Y es este tipo de inmigración la que hay fomentar, animar y ayudar.

En primer lugar, Occidente no puede albergar una inmigración en exceso, cada sistema, cada Estado debe fijar un tope, un límite según el cual el sistema social del país de acogida no se vea quebrado. Luego no parece obvio abrir los brazos para acoger a todo aquel que desee venir.

Otra cuestión vital es que la persona que venga y su familia se integren al sistema, contribuyan a nuestro modelo social. Que no exista discriminación hacia ninguno de los lados, foráneos y locales. Que haya una adaptación e integración. No parece lógico que los inmigrantes se trasladen hacia nuestro país sin conocer como mínimo nuestra lengua y mucho menos que puedan ejercer un "derecho al voto", sin conocer la realidad social que les rodea. Temas importantes a debatir creo yo.


No parece lógico tampoco que un alto porcentaje de esas personas emigren sin un contrato de trabajo o sin una idea preconcebida de lo que hará una vez llegue, sin dinero para pasar siquiera unos días. Sí, su condición es la que es, pero si de repente llegase 1 millón de personas en esas condiciones, la inseguridad social podría ser alarmante (hablo de un periodo de un año).

Por tanto, en mi opinión este tema debe ser tratado con rigor y seriedad. Estas personas deben ser tratadas como seres humanos y darles todo el apoyo que necesiten. Para ello, creo que lo principal, más que expulsar, debe ser frenar las oleadas de la inmigración clandestina.

¿Cómo? Aportando soluciones en los países de salida para que la situación deje de ser tan drámatica para que se juegen la vida. He aquí algunas ideas...

1. Planes de desarrollo e inversión en esos países. "No les des de comer, enseñales a pescar". Acuerdos de cooperación bilaterales. Apoyo y externalización de nuestras empresas en los países de origen, con el objeto de dinamizar su economía (y hacer negocio).

2. Contratos en origen. Políticas de empleo para formar en esos países al personal necesario y hacerles venir con un contrato o beca de estudio bajo el brazo.

3. Luchar contra las mafias organizadas, tanto allí como aquí, asegurando que no hacen negocio de la necesidad de esta pobre gente. Haciendo fichas policiales para evitar que delicuentes organizados y sus bandas de matones, que las hay, se instalen en nuestro territorio. Deportándolos en caso necesario.

4. Los Gobiernos deberían realizar estudios quinquenales donde se observe la necesidad de profesionales y las habilidades requeridas para desempeñar un área de trabajo. Se cubriría la parte resultantes con trabajadores foráneos y conociendo el volumen de familias que se necesitan para cubrir la ampliación demográfica necesaria para nuestro desarrollo presente y futuro, y actuar acorde a estos parámetros.

5. Fomentar los intercambios culturales con esos países para que sus jóvenes puedan venir a formarse a nuestras universidades, cada vez más vacías. Una vez terminado sus estudios, con el apoyo de microcréditos y ayudas bancarias, pudieran regresar a sus países de origen e crear negocios, a labrar un futuro.

6. En definitiva, la solución en un mundo global es la búsqueda de ideas, razonamientos y actuaciones globales.


"Europa no debe tener miedo a la inmigración sino escuchar el por qué de ese desplazamiento y actuar en consecuencia. Cerrarse en sí misma y tratarlos como criminales no es la solución. El único camino pasa por un desarrollo y cooperación conjunta, porque si hacemos oídos sordos el problema terminará desbordándose. Y el mensaje político debería ser aquel que no busca la confrontación sino la unidad de acción hacia posiciones compartidas".